Galletas de máchica con gotitas de chocolate da un toque de sabor al cereal que permite disfrutarlo.

La máchica en los últimos tiempos ha tomado un repunte muy importante en la dieta de los latacungueños. Y los emprendedores son quienes fomentan a que se vuelva a consumir lo ancestral con la producción de galletas con chocolate que se venden a cinco por un dólar.

Según los entendidos la máchica (del quechua machka) es una harina que se elabora comúnmente sobre la base de cebada tostada y molida.  Se usa como ingrediente en bebidas y sopas, principalmente en la región andina.

La harina de cebada contiene proteínas, calcio, hierro, yodo, vitaminas A, B12, C, D, E, fósforo, hierro, potasio, magnesio y sobre todo fibra. Lilia Corrales, desde hace 20 años, se dedica a la elaboración de harinas de máchica, arroz de cebada, trigo y granos secos enfundados.

Los produce a través de diferentes molinos eléctricos convirtiéndose así en una pequeña industria. Su hijo que es chef y fue quien innovó con las galletas de máchica, a la par el pan de yuca y la leche de soya.

Por la madrugada tuestan la cebada para obtener en la mañana la harina que será procesada en una rica golosina a la que añade gotitas de chocolate que dan un agradable sabor y sirve de consumo para los niños, jóvenes y a la vez para los adultos.

Según dijo que estos productos tienen muy buena acogida porque son propios de esta tierra, se realiza en la ciudadela Sindicato de Choferes tercera etapa.

Una vez obtenida la harina de los productos es comercializada en las tiendas a ocho centavos la libra y las galletas a un dólar.

Este negocio ya tiene 50 años de tradición se ha trasmitido de generación en generación; comúnmente los alimentos son exhibidos en las diferentes ferias que se efectúan las entidades a lo largo del año.

Andrés Taipicaña, de 50 años de edad, recuerda que su mamá siempre le preparaba el tradicional chapo ya sea con leche o con agua cuando era niño, incluso cuando iba a visitar a sus abuelos le tenían preparado un jarro de esta comida.

Pero cuando se casó a la edad de 25 años fue perdiendo esta costumbre, incluso a sus tres hijos no les incentivó a consumir la máchica, “Creo que los padres mismos somos los culpables de que los hijos quieran consumir papas fritas, hamburguesas o pizza, comida que afecta a su salud”.

Asimismo, comentó Lorena Tapia, de 65 años: “los padres de antaño eran los que comían la buena comida no lo que ahora se da que son los fideos, papas o arroz que sólo llenan, pero no alimenta y más que todo no nutren como debería ser”,

A su mente regresaron los mejores momentos como cuando le servían un plato de sopa de arroz de cebada, trigo pelado o los camotes, “comida que hoy los jóvenes ni conocen”, finalizó. (I)

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