Es común, por estas épocas de fiesta, ver a varios investigadores, amantes de la Mama Negra, poner a consideración de la ciudadanía sus trabajos, muchos de ellos bien documentados, mientras que otros sólo fruto de la especulación. No es mi deber sancionar tal o cual tesis. Sin embargo, he notado que la gente no llega a comprender la situación, quizá porque los datos que se presentan son muy técnicos o no se los expone cómo se debiera. Por ello, creí que era menester explicarlos de una forma sencilla, sobre todo en los aspectos más básicos.
Se ha buscado con ahínco el año de inicio de la festividad. De ello, hay algunas opciones, a saber: 1599 y 1742 (Eduardo Paredes), 1851 (Rodrigo Campaña). Incluso el arquitecto Francisco Ulloa puso hace poco en la palestra nuevas fechas: 1691 y 1704, basado en documentos que hablarían de la advocación de la Virgen Mercedaria, no sólo como protectora del volcán, sino también de los terremotos. La situación es que a pesar que la fecha del génesis de la fiesta es muy importante, sin embargo, en el caso de la Mama Negra, lo más difícil ha sido establecer la manera de cómo se dio esta apertura. Y es que ninguna de las fechas dadas muestra, ni de lejos, una relación con los personajes en sí. Nadie ha podido esclarecer la presencia de los negros – mejor dicho tiznados –, tampoco de los moriscos en la festividad. Ni siquiera el texto notarial, inscrito en la escribanía del señor Chamorro y que define el inicio en 1742, ha dado luz sobre ello, ya que allí se promete hacer sólo “toros y comedias”, aunque claro, es posible que en esas comedias se representara lo que en un futuro sería nuestra fiesta, pero eso es difícil definirlo.
Cabe mencionar que la advocación de la Virgen por las catástrofes no fue algo excepcional en Latacunga como muchos pensarían. De acuerdo a Teodoro Wolf, en su libro “Crónica de los fenómenos volcánicos y terremotos en el Ecuador”, en 1575 hubo una promesa similar para la Virgen Mercedaria de Quito, con motivo de la erupción del Pichincha. Este dato minimiza, en el buen sentido de la palabra, la importancia de conocer la fecha de inicio de la fiesta, ya que, como se puede ver, en otro lugar se hizo la misma promesa, salvo que allí, de lo que se tiene referencia, nunca se ha desarrollado una Mama Negra. Esto muestra que la fiesta en Latacunga tuvo algo especial, que motivó a que ésta surgiera.
Y es que los personajes debieron salir de alguna parte. Al ser la Mama Negra un teatro popular, de seguro necesitó un guion, igualmente popular, para su desarrollo. Los personajes debieron componer la teatralización referida. He conocido una treintena de tesis de origen de este guion. De ellas, he podido diferenciar a tres tendencias: la afrodescendiente, la morisca y la indígena.
Lo que sustenta el origen afrodescendiente del guion, es el aspecto de la Mama Negra y otros personajes tiznados. Se dice que los esclavos negros libertos de alguna mina o hacienda cercana a la urbe latacungueña, llegaron en hiperdulía a agradecer a la Virgen por su liberación, y que los indígenas habrían copiado este acto, añadiéndole las máscaras, por ser esta ciudad dedicada a fabricarlas. La teoría morisca, en cambio, presupone que de alguna manera, se representó en Latacunga la fiesta “Moros y Cristianos”, que simboliza la salida de los árabes de la península ibérica, y que en esta ciudad había mutado hasta convertirse en lo que es ahora la Capitanía. Finalmente, el origen indígena implica la suplantación católica de alguna festividad aborigen (inca o panzalea), que quizá se representó en las “comedias” que se prometieron realizar a raíz de la erupción de 1742.
La veracidad de cada una de las versiones del origen del guion de la fiesta, es cuestión de otro análisis, aunque todo parece irresoluble, porque cada tesis tiene argumentos a favor y en contra, de tal manera que al adentrarse en este asunto, se corre el riesgo de quedarse varado en un sitio, ahogado con tanto argumento y misterio. Esa es la magia de la Mama Negra que ha conquistado la curiosidad de todos los intelectuales de esta tierra mashca…
CONTINUARÁ… (O)

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