Los seres humanos, somos una especie particular, en el caso de los ecuatorianos todavía más… Nos caracterizamos por ser personas alegres, descomplicadas y emotivas, tanto que en muchas ocasiones desembocamos en el drama y el conflicto. Somos víctimas por naturaleza. Nos quejamos diariamente de la situación económica del país, del clima, del pasar del tiempo, de las autoridades, de las malas decisiones, de lo difícil que es la vida… Lloramos por todo, nos consuela que nos tengan pena y difícilmente aceptamos la responsabilidad.
Hace algunas semanas un amigo compartió un video bastante interesante en las redes sociales; en imágenes concretas explicaba que independientemente de las autoridades, el tipo de gente es el gran problema. Ejemplo de ello, es la tan llamada “viveza criolla”. En cualquier lugar de nuestro país es digno de admiración quien con artimañas o estrategias de amistad se ahorra tiempo en los trámites, rompe las reglas o tiene más beneficios de los que en verdad se merece. Pues sí, quien consigue trabajo no por mérito sino por “palanca”; quien pasa el año en base a copias; quien se hace millonario de forma fraudulenta y dudosa; y hasta quien engaña hábilmente a su pareja sin ser descubierto es digno de reconocimiento. Por desgracia el mismo sistema es uno de los principales motivos para accionar de esta manera, pero no es la justificación para traicionar valores y principios. En esta historia el hábil en artificios y el hablador son los héroes, mientras que quienes cumplen y actúan de la forma correcta quedan como lentos y hasta los “tontos”.
Por otro lado, es necesario poner especial atención al tipo de entretenimiento que tenemos. Un gran porcentaje de programas televisivos fomentan el morbo y la controversia. Gracias a ello estamos más preocupados de los chismes, las competencias que denigran, las historias de farándula y las novelas. En cuanto a televisión, el cálculo de ganancias es fácil: mientras más escándalo, más rating. Sabemos más de cantantes y futbolistas en lugar de reconocer a aquellos personajes que con esfuerzo han aportado a la cultura y la ciencia dentro y fuera de nuestro país. No niego que cada individuo es libre de decidir lo que mira en televisión, pero en mi lógica si la gran mayoría de programas son de esta índole es porque la gran mayoría de televidentes gustan de este tipo de programas. Nos preocupamos más por ver televisión en lugar de leer; es así que hay más tiendas que venden televisores en lugar de bibliotecas.
Para terminar con nuestra breve descripción, los ecuatorianos por naturaleza somos expertos catadores. Cualquier ocasión desde la fiesta, el velorio o el simple “no tener qué hacer” son motivos para brindar. Seamos realistas, bebemos más de lo que hacemos deporte; raro es quien no toma cerveza, whisky, ron o puro; y todavía más extraño es quien es abstemio. Nuestras historias y aventuras se resumen a las anécdotas de la “chuma” y a la planificación de las siguientes.
Si bien es cierto todas estas “cualidades” las atribuimos al sistema, los medios y hasta la educación; pero si hacemos un examen a consciencia, esto se remonta a la base de la sociedad: la familia. ¿Cómo se puede reprender entonces a un niño por sus malas costumbres si en su hogar este comportamiento es perfectamente normal? Nos encontramos en círculos viciosos que nos sumen en la mediocridad y la única manera de salir es mediante el aprendizaje y el afán de romper los estereotipos de forma positiva. Nos quejamos de las autoridades a sabiendas que nosotros mismo nos dejamos convencer; votamos por ellas en base a regalos, ofrecimientos extraordinarios y hasta una fotografía retocada.
Ecuador necesita de manera urgente individuos con independencia, con afán de superación, que no tengan temor a ir en contra de la mayoría y que quieran hacer algo por su país. La responsabilidad no corresponde únicamente a las autoridades, mucho depende de nosotros. No es suficiente con quejarnos, hagamos un examen de consciencia y actuemos al respecto; los cambios no son fáciles pero son necesarios. El tiempo apremia, empecemos entonces por pequeñas acciones. Es momento de leer, hacer deporte, cambiar a nuestros ídolos y actuar justamente. Solo de esta manera podremos brindar un futuro distinto a las nuevas generaciones y por ende un Ecuador mejor.(O)

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