Cuando miramos a un galeno, nos olvidamos que en su vida están más de 14 años de preparación científica, técnica y humanística que le permiten acceder al diagnóstico de la dolencia y poder formular un tratamiento. Nos olvidamos que la responsabilidad que está en sus manos en muchos de los casos no depende de sus conocimientos y habilidades, púes la biología está perfecta en sus procesos, pero tan enigmática en sus casuales respuestas a un mismo proceder médico, que puede terminar en un fatídico desenlace.
Por este análisis tendemos a pensar que tal vez fuera de nuestras fronteras patrias, existen médicos que pueden tener soluciones milagrosas, o conocimientos que se escapan al entendimiento de nuestros galenos locales. Es mi deseo informarles que el médico ecuatoriano en su gran mayoría, hoy gracias a la globalización de la información y a ese deseo interno de superación, posee los mismos conocimientos, destrezas y entrega que aquellos de otras áreas geográficas del mundo.
¿Pero entonces cuál es la diferencia, la tecnología tal vez? No tampoco es la respuesta, púes podrán existir mínimas diferencias que al final de cuentas, no hacen cambio en el resultado final, por ejemplo: los mismos aparatos de ultrasonido, quirúrgicos y de laboratorio, que existen en países desarrollados los tenemos en Ecuador.
¿Pero entonces cuál es la diferencia, la infraestructura tal vez? No tampoco es la respuesta, las edificaciones de salud tanto privadas como públicas de Ecuador, están a la altura y en muchos de los casos en mejores condiciones de comodidad y tecnología, que ya quisieran tener otros países de nuestro continente.
¿Pero entonces cuál es la diferencia, la educación tal vez? Pues sí, exactamente por ahí empiezan los problemas, formamos médicos que tienen que pasar un verdadero maremoto de dificultades para acceder a una especialidad, de las pocas que el Ecuador promociona, tan grande es el problema que muchos deben salir para lograrlo, dejando sus familias para regresar sobre los treinta años de edad a trabajar sin descanso para poder dar un nivel de vida aceptable a sus seres queridos; con el riesgo de enfrentar a las leyes que han visto en el médico un creador de la muerte, olvidando que esos hombres vestidos de blanco también son seres humanos, que son formados para siempre aliviar el dolor y poder curar en algunas ocasiones.
¿Pero entonces ese es el único problema? Pues no, existe otro y más grave aún, la burocracia lenta y complicada que entorpece el ejercicio de nuestra profesión, debemos depender de ellos para contar con medicamentos e insumos, pues la indolencia de lo público muchas veces está salpicada de corrupción, que vuelve al sistema de salud en el ejemplo perfecto de la inoperancia. Pero el problema no acaba con eso, el médico de manera absurda e ilógica es calificado por su producción, olvidando que la calidad en la medicina es enemiga de la cantidad, ¿y como alterar esa ecuación? más médicos, menos pacientes es igual a menos errores diagnósticos; eso no significa menos atenciones, significa que los subcentros y centros de salud deben tamizar los pacientes de manera eficaz, para que a los hospitales de mayor complejidad llegue un número reducido de pacientes.
Y la población debe razonar, entender y poner en práctica que el médico sabe cuándo su problema requiere una atención más especializada, y que acudir a las tres de la madrugada por un dolor de cuatro días de evolución, que está en proceso de resolución no lo convierte en una emergencia.
Por tanto, el problema de educación, no solo forma parte de las universidades y hospitales, está en muchos de los casos en la misma población y en su propia irresponsabilidad con su salud.(O)