He visto a mi amada Latacunga como una joya envuelta en un papel periódico, la campaña electoral cada año ha venido convirtiéndose en una demostración de quién logra empapelar más la ciudad, un mercado de regalos para comprar un voto, promesas de campaña, unas buenas, otras malas y algunas increíbles; conciertos cada día, insultos, los infaltables memes y ofensas que denigran la imagen de los candidatos y exponen a familias completas a la palestra pública.
La campaña electoral debe desarrollarse sin topar espacio físico de nuestra ciudad, sin destruirla y mancharla, y deben ser la radio, la televisión y los medios electrónicos la forma de presentar propuestas.
Los cierres de campaña deberían ser con debates y propuestas concretas, no con conciertos que son un derroche de dinero de los candidatos, que piensan que la cantidad de gente presente es un termómetro de su apoyo, algo tan falso como cuando dicen los candidatos somos una familia al partido que los acoge.
Pero no es culpa de los candidatos, es el sistema electoral que lo permite, justamente con el objetivo de distraer la atención de los votantes para olvidarnos de quién es la persona, el ser humano detrás del partido político, para evitar que nos fijemos en su capacidad, su calidad humana y su preparación, pero si a mí me preguntan de entre los tres factores, creo escogería la calidad humana del candidato, porque si es un buen ser humano jamás aceptaría el reto si no está preparado, pues la preparación para cualquier posición de servicio se la adquiere con estudio, la experiencia, con inteligencia y con un correcto asesoramiento.
El que mucho abarca poco aprieta, y una autoridad tiene que saber diferenciar entre lo adecuado, lo emergente, lo necesario y lo indispensable para una ciudad, su visión debe estar orientada al conocimiento y al aprendizaje, no se puede dominar todas las áreas: salud, vialidad, medio ambiente, pero se debe asesorar por los mejores en cada una de sus áreas, es decir lo que realmente debe es ‘saber administrar’. Ejemplo, si deseo construir un puente es el ingeniero civil quien me dará la mejor opción, pero si yo como autoridad no gestiono los estudios el proyecto no se realizará.
Tuvimos una nefasta experiencia con el gobierno la década pasada, yo algún momento vestí sus colores, de lo cual me arrepiento, pues pensé que todo era realizado con honestidad y amor al país, pero me equivoqué y aprendí que, un país, una provincia, un cantón, una junta parroquial deben ser manejadas como una verdadera empresa, donde los dueños son los ciudadanos, los votantes, y los administradores y gerentes las autoridades, los cuales deben ser reemplazados cada cierto período para permitir que existan muchas opciones de gente que pueda mejorar los indicadores de gestión obtenidos.
Pensemos en el momento de consignar nuestro voto no por el nuevo, el viejo, el malo, el feo, el actual, el guapo, el gracioso, el gritón, el regalón, el que más ofende, el más santurrón, el más noble; pues absolutamente todos los seres humanos tenemos errores; lo que debe primar al momento de escoger a nuestra futura autoridad es valorar su calidad humana, su trayecto de vida, su cariño a la ciudad, saber de quiénes están rodeados y de quiénes lo van a asesorar. De esta manera sabremos que si se equivoca tendrá la suficiente fortaleza de reconocer fracasos y remediarlos, eliminar malos elementos de su entorno que no le permitan ejercer autoridad.
Y nosotros, nosotros los que nos decimos ‘latacungueños’, dejemos de criticar; seamos generadores de soluciones y de ideas positivas para nuestra ciudad, reconozcamos que todos absolutamente todos nuestros alcaldes aportaron en positivo, unos más y otros menos es verdad, pero después de tantos años de elegir somos nosotros los que hemos escogido; nadie nos ha impuesto autoridades.
Los seres humanos estamos formados de un cuerpo, un cerebro que lo comanda por múltiples neurotrasmisores, y un alma que no es otra cosa que la suma de nuestra personalidad determinada genéticamente y el comportamiento estructurado por las experiencias vividas que quedan grabadas en nuestros circuitos neuronales. El momento de marcar la papeleta por favor escuchemos nuestra alma, si verdaderamente amamos al Ecuador, a Cotopaxi y a Latacunga votemos por los mejores.
Suerte candidatos, todos tienen valores positivos y negativos; y a quien triunfe en esta lid electoral, le pido que actúe con amor, pues es el único sentimiento que puede modificar el comportamiento y por tanto impedir que nadie -ni siquiera su propia familia- pueda dañar a nuestra provincia y cantón.(O)