Una vez presentada mi primera percepción de la Casa de la Cultura, considero oportuno realizar  una segunda intervención; no con el afán de distanciar o generar conflictos, sino más bien hacer un llamado a la conciencia sobre ciertas acciones no tan apropiadas.
Ya realicé una breve descripción de la realidad de esta Institución en cuanto a recursos y personas; creo ha llegado el momento de hablar de las elecciones de la Casa. Desconozco si en los anteriores procesos electorales se vivió de la misma forma que este año; pero debo admitir que los momentos previos a las elecciones del 6 de mayo han sido un conjunto de eventos caracterizados de confraternidad y amistad, pero también otros de confusión y perversidad.
Estos dos últimos términos pueden sonar sumamente duros, pero no encuentro mejores palabras para describir el accionar de ciertas personas. El afán de alcanzar cierto  protagonismo, les borró la memoria, los volvió ambiciosos y hasta mentirosos.
Hubieron peculiares personajes que  se olvidaron de la amistad y principalmente de la gratitud,  aquellos que recibieron favores literalmente con plata y persona, y no tuvieron ningún reparo en lanzar una serie de comentarios negativos e insultos a quien alguna vez los ayudó. Aquellos que con el afán de alcanzar su objetivo, y hasta cierto punto opacar a los opositores contaron la verdad a medias y añadieron falsos comentarios. Aquellos que mal utilizaron las circunstancias, las fotografías y las grabaciones para  armar su plan de campaña. Aquellos que bailaron de un lado al otro jurando lealtad a ambos, para finalmente decidir y quedarse con quien les beneficiara mejor. Aquellos que dijeron ser amigos y al final fueron traidores. Lo más irónico en esta historia es que quienes insultaron y crearon una red de comentarios, regresan como si no hubiera pasado nada a pedir más favores. ¡Qué duro y a la vez saludable descubrir el verdadero rostro de la gente! La ambición de poder y protagonismo fue la mejor manera de desenmascararse.
No me contaron, lo viví en carne propia… Y  solo pude concluir que lamentablemente la gente no es como aparenta, que el interés propio siempre primará y los leales son pocos. Esta ha sido la oportunidad para saber que lamentablemente aquellos que decían ser honestos y frontales, no tuvieron reparo en contradecirse con tal de conseguir algo a cambio.
Cuesta creer que en una Institución de tanto prestigio se haya dado esta serie de comentarios, conflictos y malas intenciones de personas involucradas directa o indirectamente. Muchos insisten que en otras instancias es igual y hasta  peor; lo cierto es que la agresión en la actualidad se ha hecho algo normal. Personalmente quisiera pensar que todavía existen merecidas excepciones y se puede confiar. No perdamos la objetividad y el sentido común ante las circunstancias. No tengamos temor a decir la verdad y ser frontales. No vendamos nuestros principios por interés o necesidad. ¡El bien aquí y en cualquier parte del mundo seguirá siendo bien!(O)

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