Procuraré expresar mi opinión con un razonamiento real y apegado a las distintas experiencias que se han dado en la Casa de la Cultura ‘Benjamín Carrión’, Núcleo de Cotopaxi.
Lo admito, estoy muy poco tiempo involucrada en el trabajo de esta gran Institución, pero este año y más ha sido suficiente para reconocer cómo es el proceso, los trámites, el trabajo y los inconvenientes para ejecutar acciones, desde una exposición, presentaciones de libros hasta la más grande como una presentación artística para más de mil             personas.
Lo acepto, años atrás también fui una de aquellas personas que pedía más a la Casa de la Cultura; sin embargo me tragué todos esos comentarios al tener la grandiosa oportunidad de estar implicada en el trabajo de esta Institución y comprendí a detalle una realidad que muy pocos conocen. Porque las buenas ideas sobran, y  las sugerencias, con una buena dosis de  crítica, son demasiadas; pero también los recursos son limitados, las partidas económicas son restrictivas y el personal  es pequeño en número pero  multifuncional para las tantas responsabilidades que existen. A ello se suma la falta de colaboración de  ciertas instituciones, principalmente por egoísmo, donde mucho más allá del trabajo conjunto para difundir la cultura el interés propio predomina. Y sí, muchas actividades se han visto frustradas, por esa falta de apertura.
Reconozco que también existieron errores y desaciertos en el trajinar de la Casa de la Cultura. Como en toda administración e institución, es imposible que exista una gestión 100% perfecta, así como tener a todos los ciudadanos complacidos. En todo caso se ha hecho y se hace lo que está dentro de las                          posibilidades.
Lo cierto es que es muy fácil criticar y reclamar a una Institución cuando no se conoce cuál es la disposición real de  recursos económicos y  humanos, lo que permite o no la Ley y hasta las amistades que ayudan a facilitar ciertos engorrosos trámites.
Días previos a las elecciones de la Casa de la Cultura, una serie de comentarios y críticas, principalmente en redes sociales atacaron a la Institución y a quienes la conformamos, por todo aquello que se hizo y por lo que faltó hacer. Desgraciadamente muchas de estas expresiones fueron con una buena dosis de desprecio e irrespeto. Se hablaba de deshacerse de todo vestigio de la ‘Casa Vieja’, incluyendo a sus miembros porque eran demasiado ‘antiguos’ para continuar; que era momento de una nueva generación. Aquellas personas tildaron irreverentemente de ‘viejos caducos’ a ese grupo de valiosos intelectuales; el resentimiento no les dejó ver que tienen padres, abuelos y algún momento en la vida ellos también serán viejos y merecerán respeto.
Mal haría en hablar de cómo fue la gestión en años anteriores, pero sí puedo dar mi  comentario del corto tiempo que he tenido la experiencia directa con Casa de la Cultura. Yo misma tuve la suerte de haber accedido a la Institución como Miembro Correspondiente junto con otros jóvenes gestores culturales,  artistas y  artesanos. A esto se suma que en el 2016 se abrieron las extensiones de los cantones Pujilí y La Maná y con ello el acceso a la Institución de un buen grupo de valiosos representantes de la cultura y el arte.
No lo niego, cuando ingresé a la Casa de la Cultura, lo hice con un poco de recelo y hasta miedo por un sinnúmero de rumores. Sin embargo, con el paso del tiempo puedo asegurar que fueron  comentarios infundados, ya que he tenido la gran oportunidad de compartir gratas conversaciones, ser escuchada y recibir consejos, sugerencias y hasta bromas, de aquellos a los que vilmente llamaron ‘viejos caducos’, personas a las que yo considero como grandes ejemplos y amigos.
Dijeron que el trabajo de la Casa de la Cultura es únicamente tras un escritorio. Me atrevo a decir que efectivamente la planificación y  los trámites han sido en las oficinas; pero no hemos tenido inconveniente en ensuciarnos de tierra y llenarnos las manos de ampollas para sembrar plantas en los jardines o hacer mingas para mejorar el estado de los espacios; porque los recursos no fueron suficientes para contratar a alguien más.
El 12 de mayo se posesionó un nuevo Directorio y con ello propuestas, planes y proyectos llenos de entusiasmo y buena voluntad. Posiblemente algunas personas seguirán la pista de cada acción que tomen las nuevas autoridades de la Casa; aprovecho la oportunidad para mencionar la necesidad de sumar, no solo juzgar y reclamar. Es fácil e incluso placentero criticar, hasta cuando se conoce la realidad y se entiende el porqué de ciertas cosas.(O)

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