Me refiero a la cuarta revolución industrial 4.0. Para comprobarlo, basta mirar en cualquier momento del día, o de la noche, a un MILENIAL, ese ser nacido con chip incorporado, a partir de 1984. Si no lo reconocen por su edad aparente, verifiquen si tiene un celular en mano y la mirada fija en sus ágiles dedos que transmiten mensajes codificados en un lenguaje poco entendible para el mortal que pasa de los 35 años. Tiene incorporados audífonos que reciben música personalizada. Habla poco. Viste una moda extravagante. Se siente cómodo con tatuajes en su piel, lentes de sol caracterizados, cabello alborotado, vestimenta desteñida, con colores variopintos. Consume productos orgánicos. Recicla sus residuos. Ama los animales. Se empodera del medio ambiente. Usa zapatos aparentemente incómodos en estado deplorable.
¿Que relación tiene este joven terraterrestre con la revolución industrial 4.0? Pues nada más ni menos que TODO. La revolución que estamos viviendo es informática, digital y global. La conectividad del mundo trae a todos los “conectados” lo que pasa en el mundo. Y está pasando mucho. Los avances, gracias a la tecnología, son a pasos agigantados, al punto que lo que ha ocurrido en los últimos diez años, supera a los cincuenta años anteriores. Y lo que pase en los próximos doce años, nos trasladará al mundo de Julio Verne. No es ninguna exageración. Muchos de esos cambios tecnológicos ya se están dando, como lo vemos en nuestros milenials. Las carreras profesionales convencionales desaparecerán, abriendo paso a una educación continua. Cuando se hayan descubierto las respuestas, nos habrán cambiado las preguntas. Los vehículos serán robotizados, al igual que buena parte de la actividad productiva. Las fuentes de energía serán otras. En pocas palabras, estamos despidiendo el mundo que hemos vivido en las últimas décadas.
El lado positivo de este panorama es que la tecnología nos trae muchas herramientas para vivir mejor, aunque de una manera diferente. La vida será más simplificada, en la medida que nuestro entorno se integre al nuevo mundo. Para que eso ocurra, necesitamos despertar del letargo en que vivimos. Debemos abrir nuestras mentes a la realidad que invade el mundo. Es necesario dar el espacio a los jóvenes que tienen la madera de triunfadores para que guíen nuestro camino. Debemos avistar los cambios en todas las actividades humanas, para adaptarnos y sacar provecho de las oportunidades, protegiéndonos de los peligros.
¿Qué debemos hacer en Cotopaxi para embarcarnos en la nave del progreso? Empecemos por adoptar una actitud positiva para el cambio. Cuestionemos las formas de subsistencia que hemos mantenido desde nuestros antecesores. Preguntémonos si hemos hecho buen uso de los recursos naturales que se nos encargaron. Evaluemos el sacrificio de quienes trabajen la tierra con sus manos y su corazón. Entendamos que el mundo ha avanzado muy rápido en comparación a la lenta capacidad de adaptación de nuestras estructuras caducas públicas.
La tecnología nos abre nuevos horizontes que NO son una opción, sino una realidad inevitable. Si comprendemos lo que nos trae la revolución 4.0 que es pura tecnológica, podemos empezar a caminar. La Academia debe guiar el camino. Los ciudadanos debemos madurar tecnológicamente. Las actividades productivas deben abrirse a las nuevas formas de brindar, no meramente productos, sino servicios. El eje de los procesos deberá ser el consumidor, que día a día será más exigente y menos tolerante. Nuestra provincia puede ser pionera en cambiar de raíz el modelo político arcaico y construir entes de servicio al ciudadano que se orienten a una mejor calidad de vida de todos y dejen de ser un modus vivendi para un grupillo de malandrines. ¡Feliz 4.0!(O)

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