La sabiduría ancestral dispone de una gran experiencia en donde se valora el conocimiento propio, se trabaja a partir de la salud y no la enfermedad, ayuda a acercarse a los saberes de la naturaleza, de las plantas y explica cómo la salud puede estar en manos de la comunidad y lejos las farmacéuticas.

La constitución de 1998 oficializó al Ecuador como un país pluricultural y multiétnico, lo que nos permite entender como las raíces de la medicina tradicional han sido alimentadas por diferentes grupos como: indígenas, mestizos, montubios, afroecuatorianos y campesinos. La medicina ancestral según Naranjo (1995), tiene sus inicios hace más de 10 mil años, y ha permanecido a lo largo de tres siglos de la colonia española y dos de vida republicana. Este hecho significa que a través de ese tiempo nos hemos dado cuenta que las plantas son mucho más seguras que los medicamentos y no tienen una sola función, sino, son una farmacia en sí misma. Se conoce que el 75% de las medicinas que usa el sistema nacional, está basado en las plantas. Existen investigaciones que demuestran que es más efectivo tomar la planta entera que solo el principio activo, que es lo que se usa en los medicamentos farmacéuticos. La malva, salvia, matico, diente de león, cardo mariano, ortiga, y cientos de especies más, forman el laboratorio natural más grande del mundo y están al alcance de todos.

Casi siempre en la formación profesional de medicina recomendaban no utilizar plantas, porque son tóxicas; en nuestros barrios pobres y comunidades, la mayoría de las personas utilizaban las plantas para curarse, por lo tanto, se debe permitir que aquellas prácticas y conocimientos se sigan utilizando y se investigue sobre las propiedades medicinales de estas especies vegetales.

Muchas abuelas se acuerdan de sus curaciones, saben perfectamente los modos de preparar y la forma de aplicación, entonces tomemos esa sabiduría para enriquecer  con el saber científico y vincular al Movimiento Mundial por la Salud de los Pueblos.

En los últimos años la salud se medicalizó al extremo y está mucho más deshumanizada. Hay personas que van al traumatólogo por un dolor de rodilla y el médico sin tocar, ordena la resonancia, totalmente deshumanizada no admiten la opción del uso de plantas. Sabemos que en la medicina farmacéutica, cuando se tiene dolor de garganta le recetan antibióticos, nunca le informan que hay tratamientos naturales, lo que significa que se mercantilizó la salud desde los 90 hasta ahora, la industria farmacéutica arrasó con todo; por lo tanto es necesario que otras terapias naturales participen en el sistema de Salud Nacional, Es decir, hay que preguntarse si seguimos recetando antibióticos, corticoides, antinflamatorios a las personas o empezamos a pensar que hay alternativas, como: las plantas, la acupuntura, que es otro sistema médico, la terapia neural y otras

Los pueblos de condiciones económicas escasas han sido quienes continúan con estas tradiciones, por cuanto han visto en éstas una forma más económica para encontrar la curación de sus dolencias. (O)