Desde la semana pasada, cuando el número de contagios por la covid-19 se disparó, empezó un permanente intercambio de ideas en el Gobierno y en la ciudadanía de la procedencia de un nuevo confinamiento total, como el que sucedió en marzo y abril de 2020, con la finalidad de evitar un repunte de los mismos y así lograr -en algo- calmar la desastrosa situación de los centros médicos públicos y privados a nivel nacional, donde no existen ya ni espacio en hospitalización, ni camas UCI (Cuidados Intensivos) para atender a los pacientes que por cualquier afección ingresan a ellos.

A la par de esas discusiones, conocíamos la clausura de prostíbulos clandestinos en Quito, el cierre de fiestas ilegales con centenares de personas en Guayaquil y eventos de concentración masiva en diversas ciudades, entre las cuales penosamente Latacunga no fue la excepción; esto último motivó a que varias voces defiendan la posibilidad de un nuevo confinamiento, un toque de queda, una ley seca estricta, una restricción vehicular mayor y claro, un estado de excepción que permita hacer todo ello.

Del otro lado, las diversas cámaras pedían que dicha medida no sea adoptada, porque la economía nacional, que perdió al menos 7000 millones por la pandemia el año pasado, no resistiría una nueva para y consecuentemente los que se dispararían serían los despidos, las rebajas de sueldo y el hueco económico generalizado en el que se encuentra el país y ¿qué decir del turismo que “ahora sí” se estancaría definitivamente?

Complicada tarea del equipo de abogados de Carondelet y de los técnicos del COE, tienen que elegir entre cuidar la salud de los ciudadanos e impedir un “rebrote” de la crisis económica, entre salvar vidas o permitir el trabajo que garantiza el pan, entre prevenir los contagios o detener los despidos.

Si usted estaría en sus zapatos ¿qué haría? Pues le voy a contar lo que yo propondría y lo haré sin quejarme del deficiente plan de vacunación, del tiempo perdido vacunando a los “VIP”, ni considerando el cambio de Gobierno.

Declararía estado de excepción nacional, pero con restricciones específicas, así, la movilidad particular debería prohibirse desde las 8 de la noche hasta las 5 de la mañana de lunes a viernes, salvo para las tareas productivas y profesionales, de lunes a viernes; dispondría además una ley seca total de viernes a lunes y el control de la misma se lo encargaría a la totalidad de la Fuerza Pública (Fuerzas Armadas, Policía y Agentes de Control Municipal); mientras tanto los sábados y domingos los mercados y supermercados atenderían en horarios similares y la movilización en vehículos particulares la haría según la condición par-impar los fines de semana.

Pero le comento algo, NADA DE ESO SERVIRÍA, el problema de los contagios elevados no viene de las restricciones que se impongan desde el Gobierno, sino desde nuestra propia responsabilidad y la necedad que tenemos respecto a cuidarnos y no, no me refiero a quienes salimos a buscar el pan de cada día todos los días, sino a quienes decidimos reunirnos solo con amigos que “siempre se cuidan” o con los que “ya tuvieron covid y no se vuelven a contagiar” o con los de “es que la mascarilla me asfixia, por eso me la saco” o los de “ya no es lo mismo sin ver toda la cara”, o los de “estábamos solo 20, más lo que joroban” o los de “unita más y nos vamos” o mis preferidos: los “yo no sé cómo me contagié si siempre tomo alcohol, así que estoy desinfectado por fuera y por dentro”.

¿Le causó gracia? Es porque seguramente dijo o escuchó alguna de esas frases alguna vez, pero si las palabras duelen, las frases inconscientes matan, si uno de los amigos no se cuidó, cayeron todos; las nuevas cepas pueden atacar aún a quienes ya tuvieron covid; los lugares cerrados son fantásticos para los contagios a quienes están sin mascarilla; al ponerte y sacarte con frecuencia el cubrebocas aumentas tu posibilidad de contagios; los 20 pueden infectar a sus familias y desde luego, ni el más fuerte Absenta (si sabe qué es y lo probó alguna vez lo felicito el doble) “mata” al virus cuando ya entró a su sistema; “ya ve”, solo nosotros y nuestros propios cuidados nos pueden salvar, disminuir la curva de contagios está en nuestras manos y es responsabilidad de todos, solo así, la economía podrá salir al final.(O)