El oficio  de Manuel María Espín  comenzó a los 13 años. Desde pequeño se interesó por trabajar en el arte de realizar objetos y prendas a base del cuero de los animales. Manuel lleva ya 64 años como talabartero y dice que “si volviera a nacer, no cambiaría de oficio”.

“La talabartería se puede definir como un oficio, en el que el principal aspecto es el trabajo de la piel, en su estado natural, digamos secado al sol, que es crudo; o después de un proceso donde se curte”, dijo Manuel María Espín. En su taller ubicado en Latacunga, en la calle Amazonas y Guayaquil,  fabrica toda clase de objetos de cuero. Su labor es manipular este material, con el fin de elaborar artículos de uso cotidiano, así como objetos para los trabajos del campo.

Espín mencionó que para confeccionar  una montura, primero se manda a tallar la base o buste, posterior a eso se lo forra con cuero crudo, esto permitirá que la montura soporte, además, el cuero debe ser procesado de manera que pueda estirarse, para que sea templado.

Los precios de las monturas varían entre 500 a 1500 dólares. Los trabajos son realizados a base de cuero de res, borrego, chivo, llamingo, todo depende del gusto del cliente. Están creadas para durar alrededor de 100 años.

Cabe destacar que a pesar del modernismo en el que nos encontramos, para Manuel María Espín la talabartería aún sigue siendo un oficio rentable. Mucha gente acude a su local, para adquirir o mandar a elaborar diseños personalizados a base de cuero. (I)

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