Cuando era niño, en la primera campaña presidencial que recuerdo de forma vívida (la de 1996) Abdalá Bucaram acuñó para sí una frase del imaginario popular: “la tercera es la vencida”, y así lo fue, el “loco que ama” ganó con amplísimo margen a Jaime Nebot Saadi, favorito en todas las encuestas y mediciones y lo obligó al retiro de elecciones presidenciales.

            Así, Abdalá se unía al “club” de políticos ecuatorianos y extranjeros que en su tercer intento lograron la presidencia de sus países: en Ecuador, Rodrigo Borja y Sixto Durán Ballén; en Estados Unidos Ronald Reagan, o más recientemente -en México- Andrés Manuel López Obrador; se quedaron fuera de este “selecto” grupo: Álvaro Noboa (que tampoco pudo decir que no hay quinto malo), Andrés F. Córdova (aunque fue Presidente Interino varias veces) y quizá en unos días doña Keiko Fujimori en el Perú.

            Inicio este artículo con esta reseña histórica en razón de que el nuevo Presidente del Ecuador es miembro también de este club, pues nueve años pasaron desde que creando su propio movimiento político, decidió “desafiar” al poder y optar por la Primera Magistratura y siendo sinceros, el Guillermo Lasso de entonces no es el mismo de hoy, de hecho, el “Guille” aprendió de sus derrotas electorales y del susto de la Primera Vuelta de este año y entendió que el “Ecuador del Encuentro” tiene que ser más que un lema de campaña y volverse una realidad en el gobierno.

            El Guillermo del 2013, el del 2017 y el de la Primera Vuelta electoral del 2021 era un político tradicional, encuadrado en los cánones conservadores típicos, haciendo campaña como en los 90, hablando de temas que no están en el imaginario colectivo y desconociendo que el electorado cambió, no solo en su distribución geográfica, sino además en su edad y deseos; estoy seguro de que no fue su culpa, sino que muchos de quienes lo asesoraron en esas campañas pensaron que era lo mismo “publicitar un banco, que hacer un Presidente”.

            Sin duda Lasso no es un improvisado y esos nueve años le sirvieron para madurar en todo sentido, mejoró su equipo de comunicación y asesoría (la presencia de Jaime Durán Barba y Santiago Nieto fue evidente), suavizó su discurso, se reunió con colectivos GLBTIQ+, salió en foto con ellos, reconoció que el Estado es LAICO y no confesional y aún sin estar de acuerdo con decisiones de la Corte Constitucional las respetó y defendió en razón de la garantía de derechos, pero además en su discurso de asunción, prometió respetar la institucionalidad existente y por ende evitar ese deseo recurrente de los mandatarios de “meterle la mano a la Justicia” o “llevarse los órganos de control”, por ejemplo.

Los primeros pasos dados en esta gestión me llenan de esperanza, al presidente Lasso le hace falta definir el plan de vacunación y cumplir su promesa de que en 100 días estaremos inoculados nueve millones de ciudadanos, solamente ello permitirá una reactivación económica, familiar, psicológica y social integral, ese es su gran desafío, en lo que debe concentrarse y respecto a lo que el Gran Acuerdo Nacional debe centrarse, lo demás puede esperar; el estadista que debe ser no puede descuidar su atención en cosas sin sentido y mucho menos en aquellas pugnas de mercado por saber quién será el Gobernador, por ejemplo. ¡Avanti Presidente Lasso! Su éxito es el de todo el Ecuador. (O)