Una tarde apacible de junio de 2016 el naciente colectivo Foro Latacunga organizó, en nuestra Iglesia de Santo Domingo, una conferencia magistral con el reconocido investigador y planificador, arquitecto Fernando Carrión, quien fuera parte fundamental de la administración del alcalde Rodrigo Paz, especialmente en la recuperación del Centro Histórico de Quito. Una velada inolvidable, que inició con la conferencia dictada al interior del majestuoso templo, nos actualizó en lo que está pasando en el mundo con las ciudades que, como Latacunga, crecen y corren el peligro de dejar morir las áreas históricas. La concurrencia fue digna del evento y del lugar que nos acogió a absortos visitantes que se maravillaron por el entorno.
La sorpresa fue aún mayor cuando los asistentes ingresaron al convento, que silencioso guarda los secretos de las clandestinas reuniones de los patriotas que planificaron el primer grito de independencia del Once de Noviembre de 1820. Contemplar el cielo estrellado desde los jardines adornados con árboles centenarios, genera una sensación de paz y espiritualidad conventual que se registra en la memoria afectiva individual y colectiva. Observar las cúpulas que encierran el misterio del arte que adornan sus espacios, nos recuerda la riqueza cultural de la época colonial que perdura en nuestra vida cotidiana, y la vida espiritual que bastante olvidada la tenemos.
Los que tuvieron el privilegio de vivir una experiencia única, manifestaban su asombro por lo que veían y sentían, reconociendo que, en muchos casos, era su primera visita a este paraíso terrenal. Los que lo conocían, no cabían en su agrado de ver este patrimonio cultural del Ecuador brillando, como siempre debería estar. Las miradas se cruzaban buscando explicaciones del abandono al que autoridades y sociedad hemos permitido que llegue. Para completar el panorama de espiritualidad, la presencia del padre Domingo Sánchez, que con ochenta y seis años de predicación, en cumplimiento de su promesa de vida, se ha convertido en el guardián espiritual y material de este tesoro. Su cariño ha sido reciprocado por feligreses bendecidos por su apostolado, a quienes es justo y necesario dar gracias por haber caminado a su lado en las cosas terrenales.
Nadie podía advertir que esa noche estaríamos despidiendo al espacio conventual de Santo Domingo. Las emociones que afloraron nos hacían ilusionar con una restauración que permita, como en la capital, abrir los espacios al público, dueño de los bienes patrimoniales nacionales, para que puedan llenar su espíritu con esa experiencia de vida. Todos albergábamos la ilusión de que se cumplan los preceptos de la Ley, protegiéndolos, conservándolos, restaurándolos y “poniéndolos en valor social”.
Penosamente, esos sueños están por extinguirse. La Orden de Predicadores Ecuador, dueña de los bienes, ha tomado una decisión que da por terminada la historia que ha vivido desde 1655 este convento, pues ha resuelto entregarlo en comodato a una congregación de monjas dominicas para que lo conviertan en un monasterio destinado a la oración, alejadas del mundo, y por consiguiente cerrando sus puertas por los siguientes treinta años, en la esperanza de que cuenten con un espacio propio, adecuado para su objeto. Es muy triste conocer de la inamovible decisión del provincial de la Orden, padre Villalta, quien seguramente por desconocimiento de las leyes terrenales y el profundo significado que tienen estos bienes para los latacungueños y ecuatorianos, nos privará de un derecho adquirido de nuestros ancestros y que debemos legar a nuestros hijos. ¡El amor por lo nuestro! Respetable la necesidad de dotar de espacios propicios para la vida espiritual de las monjitas, pero Latacunga no merece ese trato. Dios dispondrá. ¡Adiós convento latacungueño!.(O)

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