Marcelo después de fracasar en su primer negocio incursiona en otro y no se da por vencido. Foto:M.S/La Gaceta

El saquisilense Marcelo Sánchez, inicialmente trabajaba como vendedor de llantas, actividad en la que se ha distinguido con la calidad del servicio, pero al margen de las adversidades y quiebras de las que tuvo que pasar, decidió emprender con el negocio de la uvilla, al apreciar su color, sabor y su valor nutricional como gastrónomo la transformó en mermelada.

La uvilla es una planta herbácea normalmente crece hasta un metro de altura, según la historia es una fruta originaria de América del Sur, donde se conocen más de 50 especies en estado silvestre.  La junta parroquial de Canchagua específicamente el señor Miguel Guamaní fue quien le proporcionó la materia prima “cuando uno tiene una quiebra, está liquidado y esto fue como volver a nacer”, expresó Sánchez.

Este fruto andino tiene 30 propiedades curativas y entre ellas: sana el pie de atleta, cura la caspa, el aletazo, es rica en fósforo, calcio, potasio, incluso tiene el colágeno esencial para las personas adultas mayores. “Quiero aportar con un legado de medicina natural que hay en los jardines y que toda persona la puede cultivar”, manifestó.

El señor de 52 años sabe que no obtiene grandes riquezas al vender este producto, pero su misión es entregar algo de beneficio para la salud de la gente, porque piensa que a más de aportar con este alimento trata de vender la idea. Empezó con el emprendimiento en el año 2017 en mayo justo por el día de las madres.

Su terreno lo tiene en Saquisilí en Pupana Sur, además pertenece a la Asociación “Yo sí puedo”.  La fruta la cultiva cada seis meses y es trabajada con humus, nada de químicos, una de las complicaciones que tuvo que pasar fue que en una temporada cayeron heladas, pero lo mejor de esta planta es que vuelve a retoñar.

No posee el sistema de riego y lo hace en forma convencional a través de un pozo, su preocupación es que se acerca el verano y no podrá regar todo el campo, el pedido fue que las autoridades le ayuden con este requerimiento.

Contó que una hectárea de uvillas permite dar trabajo a dos personas de forma frecuencial  y a la semana obtiene 24 cubetas de las cuales para la elaboración de la mermelada emplea 30 kilos y obtiene 15 botellas pequeñas que vende a $2,25. Para producir este producto mide el azúcar mediante las porciones y después de 15 minutos deja en hervor y obtiene el producto final. Hace 15 días se asoció con su vecino para posteriormente dar al emprendimiento una forma empresarial.

Durante el año que va laborando en esta actividad ha tenido aceptación por la ciudadanía, su potencial mercado es Latacunga ya que desde el sector de La Laguna hasta La Estación vende 50 tarrinas.

Para iniciar en el negocio se capacitó en el manejo de microproyectos y emprendimientos y esto le ha permitido saber llevar la contabilidad, administración, selección de personal, porque ahora el objetivo es generar una empresa, así también la Universidad Técnica de Cotopaxi  le ha invitado a participar y dejar las muestras para los diferentes proyectos, de la misma forma el MAG ha aportado para la capacitación en el manejo de la fruta y en Cayambe y por cuenta propia ha ido investigando a los agricultores de Tungurahua, Píllaro, Patate, Totoras; él lleva en su mente las palabras que le decía su madre Matilde Molina: “Somos lo que comemos”. (I)

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