El mes de septiembre marca el inicio del período más alegre del año, en la provincia de Cotopaxi, especialmente con la llegada de las Mama Negras de septiembre y noviembre. En nuestra cultura, la fiesta popular es un elemento fundamental de nuestra identidad, pues se nos permite expresar de viva voz, con gesticulaciones y movimientos de libre composición individual, la alegría que llevamos dentro para expulsarla a la voz de la festividad, cualquiera que fuera. La ciudad de Latacunga tiene el privilegio de preservar dos especiales expresiones populares, construidas en diferentes espacios y tiempos, pero sobre el mismo concepto de La Mama Negra.
La primera versión se organiza desde 1742 en homenaje a ‘Nuestra Señora de las Mercedes, Patrona contra el volcán’ (Rodríguez de Ocampo), que es celebrada el 24 de septiembre, en agradecimiento por haber salvado a Latacunga de la furia del coloso Cotopaxi, a insinuación de los devotos, que la sacaron a pasear por las estrechas calles de la urbe, encabezados por doña Gabriela de Quiroz, propietaria de las haciendas Cunchibamba y Molinos (Eduardo Paredes Ortega) con la promesa de repetir cada año el homenaje, con bailes y cantos, a partir de entonces. Por tanto, se fundamenta en la fe católica, y ha sido preservada como tal por devotos y donantes.
La segunda versión se trata de un AUTO TEATRAL, que se realiza con motivo de las celebraciones cívicas por el aniversario de independencia de la ciudad de Latacunga, ocurrida el 11 de Noviembre de 1820. Se inició en 1964 por los moradores del ‘Barrio Centro’ de la ciudad de Latacunga, divertimento este, adoptado con un sentido de responsabilidad ciudadana, con la finalidad de destacar la importancia de la primera festividad, adaptándola a requisitos mínimos, por razones de una celebración y efeméride patria para atraer el turismo a la ciudad, de modo tal que las conmemoraciones cívicas no pasen desapercibidas en el contexto nacional, como lo describe Leonardo Barriga López (La Mama Negra y el Folclore).
Es evidente que cada una de estas manifestaciones tiene su legitimidad y debe mantener su espacio. Las dos deben convivir, respetando mutuamente lo que la otra significa, pues no existe una competencia de forma ni de fondo. Es necesario que, de una vez por todas, se acepten aquellas diferencias y podamos todos disfrutar de las dos comparsas, dándole a cada una el espacio que le corresponde.
El GAD Municipal de Latacunga debe actualizar la normativa para organizar de la mejor forma la comparsa de noviembre, que atrae una enorme presencia de espectadores, muchos de ellos afuereños, que demandan una organización acorde a los retos que eso impone en alimentación, hospedaje, acomodación, seguridad y mucho más, con el objeto de lograr una permanencia grata que les motive a volver a la capital de las ‘chugchucaras’.
No así en la expresión de fe que se presenta en septiembre, donde el Municipio no tiene una participación activa, sino únicamente de acompañamiento, pues deben respetarse los ritos religiosos y la algarabía popular que se expresa de forma espontánea, vista por muchos locales y un poco de turistas, que podrían aumentar con buena difusión.
Las Mama Negras pueden ser el elemento catalizador de las múltiples ofertas turísticas que tiene el cantón Latacunga y la provincia de Cotopaxi. La comisión permanente debería activarse con fines de promoción turística en el cantón, y asumir el reto de posicionar una buena imagen de Latacunga y su oferta, promoviéndola todo el año. Debe dejar de ser una herramienta utilizada para fines políticos personalistas, que le han hecho mucho daño y han desfigurado su verdadero significado.
¡REPOSICIONEMOS LAS MAMA NEGRAS!(O)