Los últimos cuarenta y cinco días, hemos presenciado atónitos una campaña política que más parece una guerra cibernética, acompañada por una grotesca contaminación del espacio urbano y rural, que se han inundado con banderas, pancartas, afiches, volantes, parlantes, regalos y muchas formas mundanas para lograr la aceptación popular con miras a ‘barrer’ a sus competidores.
Penosamente, la revolución informática que vivimos, ha servido para que se haga muy mal uso de la capacidad de comunicación que nos ofrece. Es alarmante la ilimitada capacidad de agredir a los contendores de una campaña que será recordada por lo negativo, mientras que es dudoso si nos ha dejado algo positivo. El tono fue subiendo de a poco, mientras se fueron dejando de lado las propuestas y la presentación de las hojas de vida de los salvadores de juntas parroquiales, cantones y provincias a lo largo y ancho del país. La imaginación no tiene límites a la hora de permitir que afloren las bajas pasiones del candidato y sus ‘ideólogos’, que alimentan una guerra sin sentido de la que están usufructuando indebidamente.
La falta de respeto no ha encontrado límites para ofender a la sociedad en su conjunto, ante la impávida mirada del Consejo Electoral que debería justificar su existencia poniendo orden y garantizando un verdadero proceso democrático, que no se logra con el mero ejercicio del sufragio. Si bien la ley de la materia determina las acciones que no están permitidas, estas son letra muerta ante la falta de autoridades que controlen y sancionen.
Los candidatos a la relección han utilizado indebidamente otras artimañas que tienen doble efecto sobre la economía de la ciudad. Concejales que ahora sí, no se pierden una rueda de prensa, ni la inauguración de una obra. Van por los caminos polvorientos más sonrientes que nunca, ofreciendo lo que pida el votante, y abrazando hasta los árboles. Mientras los directores departamentales, jadeantes sobreviven desde hace un año, para hacer realidad todos los improvisados proyectos de obritas clientelares que el desesperado Alcalde les impone. Faltan contratistas para asumir el compromiso de ejecutar la MACRO OBRA de última hora. No ha importado la opinión ciudadana a la hora de resolver donde se bota el escaso dinero de la ciudad, que espera desde siempre las obras más elementales como agua potable y alcantarillado. Obras inconsultas, con sobreprecios que nadie cuestiona, de mala calidad, incompletas y para colmo, ejecutadas simultáneamente, causando toda clase de molestias a los habitantes.
La presencia de tanto candidato dificulta una racional campaña de difusión que les permita al menos hacerse conocer para seguidamente justificar su pretendida capacidad de ejercer el cargo anhelado. Al acercarse la hora final, algunos mal asesorados candidatos, que perciben el olor a derrota, optan por utilizar armas prohibidas por la ética y la convivencia pacífica y de respeto en una democracia que debe madurar en cada evento eleccionario. No se respetan ni límites del espacio familiar de los contendores. Se clonan páginas virtuales, se crean noticias falsas, se agrede verbalmente a cualquiera que pone en riesgo el triunfo que TODOS aseguran tener asegurado. Estas actitudes reprochables son patadas de ahogado de la mayoría de candidatos que, como es natural, no serán elegidos.
Necesitamos una TREGUA que iniciará a media noche del jueves 21 y nos permitirá olvidar lo indeseado y meditar en lo medular. Pongamos atención en el futuro de nuestros gobiernos seccionales. Recojamos la esencia de las propuestas. Valoremos la capacidad de los candidatos para cumplir con la función analizada. No dejemos pasar esta oportunidad de poner nuestro aporte para construir democracia. ¡Que los ahogados sigan pataleando!(O)