¿Se imagina ver el Mundial en una televisión de 85 pulgadas, full HD, con conexión wifi y sonido envolvente? ¿Qué tal si además para hacerlo nos preparamos un juguito en una licuadora digital? ¿O si nos acostamos horondos en unas almohadas de plumas de ganso, encima de un plumón con más plumas de ganso y con unas sábanas de 150 hilos? De-li-cio-so.

         ¿Y qué tal si podemos volar un Kfir? Ese icónico avión de combate del que tantas veces hemos oído hablar ¿O si mejor nos vamos de paseo a Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Japón en un par de meses? ¿Un lujo no? Pues sí, tremendo lujo que Gustavo Petro y su esposa se están dando en el ejercicio del poder.

         La semana pasada comenté con los lectores que a diferencia de lo que muchos pregonan desde hace más de una década y media, creo firmemente que el rol de Primera Dama debe existir y decía con mucha soltura (y hoy lo ratifico) que su presencia en eventos oficiales dentro y fuera de los países puede ser positiva si ayuda a cumplir objetivos claros en las áreas que le fueron encomendadas.

         Les decía también que mi comentario no tiene relación con la persona en el ejercicio del cargo de Primera Dama, de hecho, hice una enunciación ascendente en el tiempo de las mujeres que ocuparon ese cargo desde el retorno a la democracia (el esposo de Rosalía no creo siquiera que durmió en el Palacio) y además hice la recomendación a María de Lourdes y su equipo de que se empodere de su función siendo la última voz que Guillermo escucha antes de irse a descansar y a través de ella guíe su camino gubernamental.

Pero por otro lado, el boom de esta semana en Colombia con las lujosas compras de la Casa Presidencial en la que Gustavo Petro y Verónica Alcocer viven, regresan a mi mente ese evento que les he contado tantas veces de aquel líder de izquierda cotopaxense que me dijo “hijo de la oligarquía” (o del imperio) cuando al hacerlo vestía camisa Tommy Hilfiger, se había ido de vacaciones a Miami y conducía un auto de la filial de la General Motors en Ecuador.

¿Qué compras lujosas? Las que le conté en los primeros párrafos de este artículo: una televisión de $6.000, sí, leyó bien, SEIS MIL DÓLARES,  cubiertas de vitrocerámica para estufas por unos $6.000 más (¿qué carajo es la vitrocerámica para estufas?); duvets, plumones de microfibra, juegos de sábanas y hasta un plumón de ganso, todo por unos $17.500, en total algo así como $40.000 en lujitos de casa presidencial de la “administración de los pobres y marginados”.

César Luis, deja de quejarte, solo tú ves el problema; “antes no” como dice mi papi, la senadora María José Pizarro, aliada de Petro, que entró con él al Legislativo, que representa a su partido, que encarna la izquierda colombiana, esa izquierda que iba a girar el timón del Gobierno de Colombia, en su cuenta de Twitter dijo “Nuestro gobierno debe ser austero, eficiente y contundente en resultados. Estoy segura que la “línea de compras” que hoy está en opinión pública obedece a costumbres que no están alineadas con el estilo, propósitos y formas de este gobierno”, a confesión de parte, relevo de pruebas.

Y es que no está mal que la Casa Presidencial tenga comodidades propias de un primer mandatario y su familia, el problema está en que se las compra días después de que en las Naciones Unidas “el Gustavo” dijo que “La culpable es su sociedad educada en el consumo sin fin, en la confusión estúpida entre consumo y felicidad que permite que los bolsillos del poder se llenen de dinero”, al parecer las plumas de ganso y la vitrocerámica para estufas no son consumistas, deben ser gansos que de forma voluntaria donaron sus plumas para que el compañero presidente sueñe con la Colombia Humana que prometió, a la par que vuela en los Kfir de la aviación colombiana luego de denostar su proceso de modernización ¡Coherencia mis zurdos! ¡Coherencia! (O)