Uno de los dolores más grandes de esta jornada de protestas, fue el sentirme totalmente impotente al tratar de rescatar a un amigo que sufrió un accidente en el Putzalahua y que resultó gravemente afectado, por las dificultades que tuvimos para socorrerlo.
Se trata de un médico excepcional, uno de los principales anestesiólogos del Hospital General, quien por no poder ser atendido a tiempo, por las dificultades que tenían las ambulancias para llegar al sitio del incidente, terminó parapléjico, le tuvimos que bajar en un tractor, porque los troncos de los árboles tirados, impedían la libre circulación, esto afectó gravemente el cuadro de nuestro amigo, quien luego tampoco podía llegar a Quito en ambulancia, porque los manifestantes, no permitieron el paso de estos indispensables elementos en circunstancias como éstas, finalmente lo logramos embarcar en un avión logístico, pero muy tarde para lograr salvar su movilidad.
Las consecuencias de este paro, llegan más allá de una quema de llantas, vandalismo y protestas, nadie habla de las verdaderas consecuencias de un acto incivilizado, por tratar de ganar espacio y protagonismo, que como lo hemos dicho, terminó por mezclarse con el terrorismo que caotizó al país de manera aterradora.(O)