Son ya dos meses que por mis estudios resido en Riberao Preto una ciudad de 600000 habitantes del interior del estado de Sao Paulo, que se encuentra a 700 metros sobre el nivel del mar, un asentamiento humano que tuvo varias décadas de bonanza por los cultivos de café y actualmente por el cultivo de caña. Desde hace 6 décadas la Universidad de Sao Paulo actualmente la numero 2 en Latinoamérica, fundó aquí su campus de investigación e inició la formación de maestrantes y doctorandos (PhD) lo que le dio otra característica al convertirla en una ciudad universitaria.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a fuerza decidí hacerlo la compare con mi ciudad pese a que es diez veces más grande; el momento que llegué lo primero que me llamó la atención fue que los buses eran limpios sus asientos no eran hojas de papel que se utilizaban para dejar grabados comentarios que van desde declaraciones de amor hasta la expresión de la furia humana plasmada en insultos para quien le toca en suerte aquel lugar, los choferes eran muy amables te dicen buen día, pensé que tal vez fue una casualidad, mi asombro llegó cuando esto fue repetitivo, los jóvenes no se duermen están menos agotados que en mi hermoso país y ceden sin pensar dos veces su lugar. Al bajar del bus en la grada se encontraban colgados libros que cualquiera se los puede llevar y dejarlos cuando los haya terminado de leer en esa u otra unidad.
Y ni que decir de la disciplina, las paradas del ómnibus se respetan, los peatones son lo más importante si por error usted intenta cruzar una calle en un lugar no indicado el vehículo se detiene inmediatamente y no se recibe insultos más bien una sonrisa del conductor.
No escucho pitar a los vehículos pues todo el mundo calcula su tiempo y no sale para sus labores en el último minuto. La fauna urbana ausente, no he visto perros callejeros, la gente es agradable, comedida trata de ayudar y siempre con una sonrisa.
Las calles, plazas, parques en su mayor parte están limpias, los ciudadanos respetan los horarios de recolección; las tareas de limpieza de parques las realizan muy pocos empleados en un área de 3000metros cuadrados de un parque se encontraban 2 obreros y en 24 horas el trabajo fue concluido.
Esto me causo mucha tristeza porque por el contrario nuestro país tiene una diversidad geográfica increíble en 6 horas podemos visitar sierra, costa y oriente admirando hermosos paisajes desde volcanes en actividad como el Cotopaxi, laguna en un cráter como el Quilotoa hasta playas de hermoso atractivo con una increíble riqueza de flora y fauna.
La comida que tenemos es variada y deliciosa, incomparable pues contamos con un centenar de opciones de nuestras tres regiones y todos los días del año. Nuestras ciudades guardan su historia aborigen, inca, colonial y republicana en espacios perfectamente preservados por mencionar algunos: Tilipulo, hacienda San Agustín de Callo, La Ciénega, el Centro Histórico con cada una de sus iglesias, aunque destruido y no valorado.
Y trate de analizar porque no valoramos los ecuatorianos y en especial los cotopaxenses nuestra riqueza, y llegue a la conclusión que el problema es educación y cultura; educación pues en Brasil la formación de un profesional no termina con su titulo de cuarto nivel pues es casi una norma el estudiar una subespecialidad, un masterado y un Phd; en el año 1970 aquí, me refiero a Brasil, se formaban doctorandos mientras en Ecuador recién apareció la primera opción de formar médicos especialistas en ginecología en la Universidad Central del Ecuador, esto nos hace suponer que tenemos 50 años de diferencia, todos aquí hablan dos idiomas en Ecuador recibimos 15 años de ingles y terminamos conjugando el verbo to be.
Nos hace falta amar nuestro cantón, nuestra provincia, nuestro país, nuestra historia, sentirnos orgullosos de lo que somos, pero eso debe traducirse en respeto a la ciudad y sus habitantes; no en gritar y unirnos solo el momento de un partido de futbol. Admirar el desarrollo tecnológico de otros países pero que no quede solo en admiración sino en un propósito de prepararnos para lograr superarlos.
Criticamos todo nos creemos abogados, arquitectos, médicos, economistas, administradores, pedimos obras y si las hacen vemos la parte mala y no lo bueno, queremos mejorar nuestra ciudad, pero no nos involucramos, votamos basura en las calles, abandonamos a nuestros seres queridos, echamos a la calle a nuestras mascotas, no leemos, creamos falsos rumores, y nunca pero nunca vemos nuestros propios errores.
Por tanto, no esperemos que un presidente, un prefecto o un alcalde nos solucionen la vida, pues nosotros somos los responsables de lo bueno o malo que nos pueda suceder en el camino de la vida.(O)