El icónico parque Vicente León, un referente de la infraestructura latacungueña.

La esencia del pasado, con un toque de modernismo; es forja la identidad de los latacungueños.  

“Doscientos años de historia no los cuenta cualquiera”, comentaba Juan Corrales, mientras veía pasar a las personas una tras otra, frente al monumento del filántropo latacungueño, Vicente León, en el parque que lleva su nombre. Corrales de 72 años, se refería al Bicentenario de Latacunga, que se recordó en medio de una emergencia sanitaria, jamás vista.

Para Corrales oriundo de la parroquia Eloy Alfaro, recuerda como esa ciudad silenciosa en la que creció, se ha ido, para dar paso a un espacio de gran movimiento comercial, institucional, pero que no ha perdido su esencia primordial: “la generosidad de su gente”.

Lo sostiene, pues ha vivido en varias ciudades del país, y jamás encontró otra que muestre tanta solidaridad, empatía para con el otro, “los mashcas, podremos no ser pefectos, pero tenemos muchos valores, que solo se entienden cuando nos vamos a vivir lejos”.

Considera que las nuevas generaciones deben empaparse del pasado, para no dejar que el presente se disuelva en una corriente de modernismos vacíos.

Con este criterio coincide Luis Eduardo Freire, librero y escritor, que en su tercer libro “Memorias de Lata” recrea esa Latacunga, donde todos los vecinos aún se conocían entre sí. Aquella Latacunga, donde sus niños salían en conjunto a jugar en las lomas, los ríos, las montañas.

En sus memorias, Luis Eduardo recrea esos espacios pequeños, que con la presencia de todos se convertían en lugares grandes, para el juego, la tertulia el baile y la algarabía de una ciudad que incrustada en los Andes empezó su camino hacia la modernidad, pero dentro de ella, nacen figuras jóvenes que conectan con el pasado, buscando su verdadera identidad.

Uno de ellos, Adrián Cruz Herrera, descendiente directo de un linaje de productores de harina, conocidos como “mashcas”, quien busca revivir la historia de los hombres y mujeres que con su esfuerzo y dedicación de dieron identidad a todo un pueblo. Los latacungueños son conocidos en el Ecuador, con el apelativo de “mashcas”, pues Latacunga, fue la capital harinera del país en el siglo pasado.

Ardrián creó una ruta turística, donde el visitante puede conocer los tiestos donde se doraba la cebada para ser trasformada en harina de máchica o mashca, les cuenta las historias de sus abuelos, tátara abuelos, las miles de anécdotas de alegría y dolor, que se tejen alrededor de la tradición harinera heredada de los padres Jesuitas, desde la época de la colonia.

“Latacunga no solo es Mama Negra”, dijo Mariela Pardo, de acuerdo a la ciudadana, la capital cotopaxense tiene mucho que contarle al país y al mundo, en tradición, gastronomía, arte y cultura, que no necesariamente tienen que ver con esta fiesta popular.

Con este marco de recuerdos, visiones y sueños, la “Hidalga Ciudad de León” cumplió 200 años de existencia, de libertad, de convivencia, y de lucha incansable por redimir prejuicios y abrir nuevas puertas.   (I)