Ser leal es diferente a ser fiel. La fidelidad es devoción, entrega, compromiso. La lealtad es dignidad, convicción, rectitud y principios.
Me explico: ahora que estamos en elecciones, y vemos estas alianzas turras que se han gestado, estaremos de acuerdo que muchos actores políticos son fieles a un actor político superior. La fidelidad se entrega a una persona. La lealtad se da sobre una idea. No queremos perros fieles a tal o cual actor político, sino administradores leales a una idea de ciudad y de provincia, que no les pese dejar de lado incluso sus fieles amistades por mantener esa lealtad a sus principios.
Lo primero que debemos identificar es, justamente esos principios que nuestros candidatos supuestamente siguen. Y no hablo de izquierdas o derechas, porque son definiciones difusas, anacrónicas y francamente inútiles. Me refiero a principios de crianza; valores como el trabajo duro, la transparencia y el amor por nuestra localidades. Y se vuelve muy difícil identificar esos valores en un mar de candidaturas en las que participan pocos buenos conocidos y muchos oportunistas.
No hablemos de ideologías, porque la ideología cede ante la necesidad. En épocas de austeridad es necesidad administrar con la derecha, digan lo que digan los eternos socialistas. Así que no permitamos que nos repitan ese discurso de izquierda donde nos quieren vender un montón de beneficios sociales a costa del dinero del Estado que ya no hay. Cuando te va mal en el trabajo, gastas menos en tu casa, punto. En el gobierno es igual: cuando no hay plata hay que limitar el gasto social y preferir la inversión productiva, punto. Insisto, no es un tema de ideologías, sino de necesidad.
Entonces no busquemos pseudo ideólogos, porque además eso de las izquierdas está bastante gastado y prostituido. Busquemos principios reales aplicables a nuestro día a día. Exijamos a los candidatos respuestas claras a los problemas locales.
No nos dejemos perder en falsas fidelidades a una tendencia política de hace dos siglos. Busquemos lealtades a planes de trabajo objetivos que nos aseguren el mejoramiento de nuestra realidad económica y nuestra organización interna. Si nos vienen con el discurso de, por ejemplo, mejorar la seguridad de nuestra ciudad, preguntemos cómo lo van a hacer, que ordenanza van a modificar, cómo lo van a articular con la planificación nacional e incluso qué persona estará a cargo de ello cuando ese candidato llegue a ser gobierno. Si le dices a tu hijo que tu plan es mandarlo a estudiar al extranjero, lo menos que él hará es preguntarte de dónde vas a sacar la plata o cómo lo piensas hacer. Hagamos lo mismo con los candidatos.
Y nosotros también dejemos de ser fieles a un candidato, solo porque le dio trabajito a algún pariente, porque metió cuatro metros de tubo en nuestro barrio o porque dejó haciendo la canchita. Seamos leales a nuestra ciudad y sobre todo leales a nuestra realidad. Seamos más objetivos, reaccionemos a las necesidades más allá de nuestra cuadra y pensemos en que nuestras ciudades, como concepto, están mal pensadas y aceptemos que necesitamos un cambio radical, que difícilmente se logrará con los mismos de siempre o peor, con quienes ya estuvieron y nos demostraron su falta de capacidad y pobreza de ideas.
Insisto: el momento actual es crítico. Hoy demostraremos si realmente merecemos una mejor ciudad, si merecemos crecer y superarnos; o si definitivamente somos tan pobres electores que nos es merecido los pésimos administradores que hasta ahora hemos tenido. Hoy, más que nunca, depende de nosotros.(O)