Enero, febrero, marzo, pandemia y feliz año nuevo. El 2020 se resume así de corto, rápido y sorpresivo. Y es que ninguno de nosotros imaginaba que llegaría una enfermedad que pondría en caos a todo el mundo.

Falta poco para que se termine el 2020, un año que estuvo cargado de sorpresas, retos y dificultades… Después de tantos meses de encierro e incertidumbre, me quedo con algunas lecciones que me gustaría compartirles.

Para empezar, se comprueba que lo inimaginable puede suceder, que aquellos sucesos dignos de películas e historias del pasado pueden ser REALES. Y aunque todavía esperamos un final feliz, propio de aquellos filmes, la historia continua y solo nos queda mantener la fe.

Después de tantos meses encerrados se diferencia lo importante de lo superfluo, y se entiende que el tener salud, familia, un techo y un plato de comida, más que algo esencial es un privilegio.

Con la lejanía, se comprende el valor de una llamada y de una conversación amena. Donde el saber y que sepan que estamos bien es algo fundamental.

Con las dificultades se deja de lado las quejas y se empieza a buscar soluciones. El miedo desaparece y se entiende que a pesar de los continuos fracasos solo queda seguir. Que las complicaciones nos hacen sufrir pero también nos convierten en personas más fuertes y ávidas.

Con la rutina se empieza a dejar de lado las combinaciones y los colores de ropa, el maquillaje y el peinado, para reemplazarlos por algo más sencillo, propio para las nuevas actividades de la casa; no por falta de interés sino por comodidad. Al final se comprende que la ropa y todo aquello relacionado al físico, no era tan esencial como imaginábamos.

Con tanto tiempo disponible, se descubre que nunca es tarde y que siempre que haya interés se puede aprender algo nuevo. Se toma ventaja de las herramientas digitales o de cualquier recurso a la mano como un libro o una revista y se emprenden nuevos proyectos, hobbies y hasta emprendimientos.

Con la rutina se valora una buena compañía y se agradece tener en la vida a ese alguien para compartir; desde las actividades más cotidianas como ver televisión hasta tener una conversación profunda.

Con tanto evento desafortunado, se aprende a aceptar la realidad, pero al mismo tiempo a tener fe que vendrán tiempos mejores. Es la esperanza la que evita nos desplomemos.

Con la partida de los seres queridos se entiende que la vida es frágil y corta. Nos dejan un gran vacío y al mismo tiempo grandes recuerdos. Su ausencia nos enseña a ser fuertes, aunque lloremos por dentro, a llevarlos en el corazón y seguir adelante.

Ninguno de nosotros se imaginó que un evento de tal magnitud sucedería. Trajo consigo temor, incertidumbre y caos; pero también quisiera pensar que nos trajo enseñanzas de vida y que ahora quizás seamos mejores personas.

Dejamos este 2020 con la esperanza que eventos tan complejos no se vuelvan a repetir y que este nuevo año venga cargado de tiempos mejores.

¡Feliz 2021! (O)