Cuando en nombre de revolución y otros calificativos ostentosos, los regímenes gubernamentales optan por el sendero de gobiernos absolutos, con cualquier membrete  que se les ocurra, uno de los primeros síntomas que se advierte es una limitación en la libertad de expresión, que en su camino funesto va carcomiendo los cimientos de la democracia con tendencia a suprimir esta libertad de expresarse. Lo dicho encontramos en la lógica de todo régimen despótico, de partidos únicos y economías centralmente planificadas.

La libertad de expresión supone la potestad de manifestar lo que uno piensa, de manera escrita u oral, utilizando de la mejor manera los medios para comunicar este libre pensamiento, entraña el derecho individual y/o colectivo de decir públicamente las faltas, defectos, vicios, injusticias o errores que cometen los gobiernos, sus instituciones, sus autoridades locales y nacionales, las arbitrariedades en el sector público y en el privado, esta facultad puede y debe extenderse inclusive a la máxima autoridad que es el jefe de Estado.

Los gobiernos despóticos y aquellos que se autocalifican de democráticos, que en sus actos y actitudes son visualizados en dictaduras tradicionales, autócratas y totalitarias –no pueden- soportar que en uso legítimo de este derecho humano a expresarse en libertad, se ponga en duda la rectitud, integridad, honradez y moralidad con la que se pondera está actuando el gobierno, sus instituciones y fundamentalmente quienes están al frente de aquellas, no aceptan y lo más insano persiguen a aquellos que hacen patentes sus debilidades, sus incorreciones, inmoralidades y desviaciones. En el contexto de todo régimen despótico, autócrata, totalitario, -aunque sea disfrazado de democrático- se encuentra el hecho de autocalificarse de infalibles, jamás se equivocan ni pueden equivocarse.

Recordemos  que históricamente los totalitarismos  en la Alemania-nazi o los que se dieron  y se dan en la Unión Soviética y en la actual Rusia,  o los que se dan actualmente en Corea del Norte, Venezuela, Cuba, Nicaragua, por citar algunos países que sufren este mal, al suprimir  este derecho humano de libertad de expresión pretendieron vender el mundo un dogma histórico positivo que señala que el partido único  es la verdadera historia en marcha hacia el progreso ascendente, enorme e  ilimitado de los pueblos y quienes pretenden o pretendan criticarlos, observarlos, enfrentarlos están contra de su  historia, la del partido único y sus dogmas, se dan el lujo de denominar  y calificar a estos ciudadanos como contrarrevolucionarios, que ironías tiene la vida.

Con todo lo analizado surge La preocupación en nuestras débiles democracias del aparecimiento peligroso de un verdadero cáncer que está carcomiendo las  estructuras mismas de los Estados democráticos, con procesos infecciosos como el Foro de Sao Paulo que de hecho ya ha alcanzado a los gobiernos de varios Estados, en buena hora sin tener éxito en sus protervos intentos de someter a sus pueblos, mediante regímenes despóticos, totalitarios, han pretendido eliminar toda posibilidad de libre expresión, se esfuerzan en manejar el pensamiento individual de sus ciudadanos y hasta llegan a ofrecer derechos a los menores de edad de quienes pretenden adueñarse no solo de sus mentes sino hasta de sus almas.

Para esta proterva misión que se ha convertido en una verdadera amenaza para las sociedades democráticas, estos denominados revolucionarios que aparecieron en el Siglo XXI, pretenden dominar los medios de comunicación  social, hablados, escritos, televisivos y  también de las redes sociales, por parte de grupos de presión  o a través de la infiltración  y penetración de personas que trabajan en esos medios de comunicación. Se pretende eliminar por cualesquier medio  toda posibilidad de libre expresión.

Que le queda al pueblo llano frente a esta realidad, lo primero tomar conciencia de esta crítica situación, luego con todo el espíritu de libertad y democracia que por naturaleza humana tenemos, analizar y estudiar a fondo esta enferma situación de la democracia, luego individual y colectivamente  buscar las estrategias adecuadas para enfrentar a quienes pretendan limitar y/o suprimir nuestra libertad a expresarnos. La sociedad civil, los partidos y movimientos políticos deben constituirse en verdaderos laboratorios de la democracia, para formar cuadros y capacitarlos, dentro de un análisis crítico  y democrático que convenza y no imponga, que respete la libre expresión de las personas. Estamos ya dentro de un  proceso electoral que nos llevara a elegir Juntas Parroquiales, Concejales Municipales, Alcaldes Cantonales y Prefectos Provinciales, utilicemos de la mejor manera nuestra herramienta democrática que es el voto, no lo desperdiciemos. El presidente de la República Guillermo Lasso ha frenado la intención malévola de coartar la libertad de expresión, estemos atentos a como se desenvuelve el táctico veto presidencial a la ley mordaza que la mayoría parlamentaria pretendió imponernos. (O)