Ecuador enfrentará en el 2021 las elecciones más importantes de las últimas décadas. El voto ciudadano tiene el poder de cambiar el estado de cosas o dar paso a un verdadero cambio de cara al futuro.

La percepción general es que la papeleta de los aspirantes es un tomadura de pelo. El ego, el individualismo, la inmadurez política, los rezagos de la corrupción que quiere prevalecer son evidentes. Por diferentes motivos se presentan múltiples candidatos, pero está claro que el deseo supremo de sacar adelante a la Patria de la peor crisis de su historia no es prioridad.

Es patente que nuestro sistema democrático tiene ciertas fallas, la libertad ciudadana adquiere tintes de libertinaje, pues a pretexto de defender derechos cualquiera se cree presidencial, importando poco la estructura política, la ideología, la trayectoria de servicio, la formación.

Y en medio de este descalabro tiene que asumir el proceso un CNE que no está calificado para enfrentar una responsabilidad de esta naturaleza. 

Ya lo hemos dicho antes, la unidad es el único camino para iniciar el difícil retorno a la recuperación moral, social y económica de una nación que hace más de una década creyó en cantos de sirena, la aventura salió cara pues terminada la bonanza petrolera se puso en evidencia los esqueletos putrefactos de la corrupción que no dejan de sorprender hasta el día de hoy.(O)