El capulí es una fruta local.

El jucho es una bebida ancestral que se prepara a base de capulí, es conocido por su sabor y valor nutritivo.

El capulí es una especie nativa se desarrolla entre los 1200 y 3400 metros de altitud. El árbol de capulí es frondoso y puede llegar a medir hasta 15 metros de alto y produce una vez al año, entre diciembre y marzo. En el sector occidental de Latacunga, en las parroquias Eloy Alfaro y Once de Noviembre, comenzó los primeros brotes.

Es una especie longeva nativa de América que puede vivir 80 años o más. Hay plantas diseminas en producción Nagsiche (Cotopaxi). Hasta hace 4 décadas, las familias cosechaban en conjunto el fruto para elaborar el dulce y compartirlo con la comunidad durante el Pawkar Raymi.

La recolección era todo un ritual festivo. Los niños subían a los árboles con la ayuda de los más grandes para recolectar los manojos de capulí maduro en pequeñas ramas. “Era una convivencia lúdica para disfrutar de los frutos que ofrecía la tierra”, asegura el chef, David Sánchez, quien además explica que la preparación de esta bebida dulce fue modificándose con los años. Uno de estos cambios fue la implementación de otras frutas como el durazno y la fresa. “El jucho original se realizaba únicamente a base de capulí, harina, panela y canela”, comenta Sánchez. Con este criterio coincide Hermelinda Herrera, habitante del barrio rural Loma de Brazales, de la parroquia Eloy Alfaro, al noroccidente de Latacunga.

Este poblado al igual que las parroquias Belisario Quevedo y San Buenaventura son las principales productoras de capulí. Herrera, de 82 años, explica que la receta de este dulce ha pasado de generación en generación. “Cuando éramos niños esperábamos ansiosamente que llegue febrero y marzo para preparar jucho. Era lo más rico”. La preparación es sencilla, no dura más de una hora. Consiste en seleccionar el capulí maduro, hervir agua y cocinar la fruta por unos 15 minutos. Posteriormente se agrega la harina de maíz o de trigo, la panela y esencias como clavo de olor, canela y anís. “Ya depende del gusto de la persona si quiere añadirle durazno y frutilla”, explica Sánchez, quien asegura que la preparación de esta bebida está siendo olvidada, especialmente por los jóvenes. Considera que la modernidad y la globalización que introdujeron en el contexto social tradiciones y alimentos de culturas anglo han hecho que las nuevas generaciones prefieran otros productos. “Pocos son los hogares donde se hace este dulce que es rico en vitaminas, calcio y minerales esenciales para la salud”, dice Sánchez. Uno de los hogares donde no se ha perdido esta costumbre es el de América Lasluiza. Su familia todavía sale a ‘capulicear’ (recoger el capulí del árbol para consumirlo ahí mismo y como jucho). Lasluiza ha inculcado en sus 3 hijos el amor y el gusto por las recetas culinarias andinas. (I)