En estos diez años de ‘época ganada’ y ‘revolucionaria’ me puse a cavilar sobre otras revoluciones de nuestra historia, por lo que desempolvé los tres tomos de la obra ‘Eloy Alfaro’ escrita por Wilfrido Loor, editada en Quito-Ecuador en el año 1947, e impreso en ‘Editorial Moderna’. En esta obra, Loor se refiere a la vida privada, la revolución liberal y la gobernabilidad con éxitos y fracasos de Eloy Alfaro y de ‘los Alfaro’; pues, para los alfaristas que pregonan la figura omnipresente del ‘Viejo Luchador’, en ningún tiempo han compartido los escritos de Wilfrido Loor, pero, por el pasar de los años estos ejemplares se quedaron en el olvido, o porque en su época causó molestias y se bajaron de las librerías tratando de ocultar la verdad de la historia.
Hoy se venera al general Eloy Alfaro como el primer prohombre de la Patria, por iniciativa de Freddy Elhers, en cuyo programa televisivo se votó para determinar al ecuatoriano más prominente del siglo XX;  y sobre Alfaro y su autenticidad también han escrito otros investigadores, como lo hizo Gonzalo Ortiz Crespo en su obra ‘Alfaro en la Sombra’. Recomiendo leer estos libros a fin de tener un criterio pluralista sobre las ideas liberales de este personaje, al que no le importó la paz de su hogar, su fortuna y su vida por creer en principios liberales y de igualdad, de los cuales muchos -incluidos sus parientes- se aprovecharon con holgura.
Con la Resolución del Superintendente de Comunicación de sancionar a siete medios informativos por no reproducir el texto de la kirchnerista Cynthia García, publicado en la revista argentina Página 12, y con la sentencia emitida por la Jueza en contra de los ‘ejemplares viejos’ de la Comisión Anticorrupción al imponerlos un año de prisión y pecuniariamente lo que gana el Contralor de la Nación mensualmente multiplicado por un año, veo que  hay un eco de lo narrado en ciertos pasajes del Tomo II de la obra de Loor (p.550):
“M.A. Gonzáles Páez el 9 de diciembre de 1896 había comenzado a publicar El Luchador en Quito; era un periódico de oposición, conservador, no glorificaba al régimen y decía muchas verdades. El 10 de Enero de (1897), por la tarde, una turba de garroteros al grito de ¡Viva Alfaro! penetran a la casa donde se editaba: empastelan el tipo, rompen la prensa, destruyen el papel y conducen al Panóptico al dueño del edificio, Manuel V. Flor, que se hallaba enfermo en cama, al cajista Víctor Arboleda y al armador Reinaldo Castillo.
El Industrial era otro periódico de oposición. El 11 de Febrero (1897) un hijo de Abelardo Moncayo, apoyado por la fuerza pública, penetra en los talleres y da de palos al director y propietario Julián de San Martín, previniéndole que en lo sucesivo si desea gozar de tranquilidad y paz, se abstenga de injuriar a los liberales. “No les injurio” dice San Martín, “lo que hago es salir en defensa de Dios ultrajado por Uds. en todo momento y con cualquier pretexto, de Dios, por quien estoy dispuesto a dar la vida”. Como el mismo periódico en un artículo, “No se ataca a la religión” enumerase posteriormente algunos actos del Gobierno de furioso sectarismo. Alfaro el 14 de Marzo ordena juzgar criminalmente a San Martín, pero sin esperar a que los jueces fallen, lo encierran en el Panóptico, porque era necesario el silencio de la prensa para que el liberalismo pudiera hacer su obra civilizadora”.
En estos tiempos, ya no hay la turba que ‘a garrote’ entre a la casa donde se edita, no se empastela el tipo, ni rompe la prensa, o destruye el papel. Ahora, para hacer la ‘obra civilizadora’, se sanciona a los medios de comunicación por no reproducir el texto de la kirchnerista Cynthia García, para que ‘a punte multa’ desaparezcan los medios de comunicación; ahora, a través de la sabatina, se juzga la conducta de los opositores y luego actúa la justicia para criminalizarlos y mandarlos al Panóptico; ahora a los ‘ejemplares viejos’ se les sentencia y luego se les perdona la pena por la ‘magnanimidad’ del gobernante entrante y la ‘misericordia’ del supuesto ofendido, ‘sodomizándoles’ (como dijo Simón Espinosa) con susto y todo, para ver si así se amedrentan y no siguen investigando las trafasías de los funcionarios públicos.
Para completar el comentario, es necesario que ‘vuelvan a repetirse’ la película ‘El doctor Zhivago’, y observen que toda represión -sea de derecha o de izquierda- mata al cuerpo y malgasta el alma de los hijos del pueblo, porque los tiranos en el poder nunca cumplen con lo que ofrecen, y solamente se embelesan y usufructúan del mismo.(o)

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala

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