A lo largo de la historia varios momentos de revolución cambiaron el comportamiento del consumo, el mecanismo de producción y la demanda energética no se quedaron atrás.

Las fuentes que nos proveen de energía son diversas y en Latinoamérica aún perdura y domina el uso de las no renovables en un 70%, esto al final del día tiene una connotación económica y ambiental; al día de hoy en el mundo el 40% de la energía eléctrica viene de fuentes renovables y en el sector transporte el 90% se basa en el petróleo.

Actualmente acceder a las energías tradicionales (petróleo, gas, carbón) se vuelve más complejo, por decirlo de otra forma el petróleo fácil de recuperar ya fue recuperado y la curva de declinación natural de los hidrocarburos está en descenso desde su peak oil (máxima producción alcanzada en 2005 según informe de la Agencia Internacional de la Energía AIE), a esto hay que sumarle las emisiones contaminantes y el impacto de los últimos consensos ambientales como el acuerdo de París en la juventud de la nueva generación; para concluir, estos acontecimientos nos ubican en una etapa de  búsqueda de soluciones energéticas amigables con el medio ambiente.

Un estudio de Shell Scenarios, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la empresa Shell, indica que de seguir con la tendencia de consumo actual de combustibles se contribuirá con los contaminantes para que en 70 años el calentamiento global llegue a tres grados por encima del promedio preindustrial (de 15ºC), cifras que para nada son alentadoras y requieren de una acción inmediata y contundente.

La puesta en marcha de las renovables para dar soporte a la demanda energética es relativamente nueva y medir el impacto que puedan tener en el medio ambiente al momento apenas se hace visible. Además debemos reconocer que apostar de manera ciega a la opción de las renovables podría a futuro enfrascarnos en nuevas complicaciones ambientales, puesto que por sí solas no son una solución única y cada una de ellas impacta de manera diferente al medio ambiente, por eso los gobiernos además deben impulsar todo un modelo de eficiencia energética.

A pesar de los embates económicos causados por la pandemia el 2020 fue uno de los mejores años para la eólica, de hecho fue su mejor momento puesto que añadió 93 GW de capacidad instalada para un gran total de 743 GW. La pandemia no solo impulsó la eólica, y la solar fotovoltaica por mucho ese año es el uno de los mejores para las energías renovables en general, lo que me permite tener una conclusión optimista y pensar que el retorno a la normalidad impulsará aún más esta tendencia.

Aquí se detallarán algunos de los puntos positivos de dos de las renovables más utilizadas al momento.

Solar fotovoltaica.

Es la tecnología más difundida a nivel global, existe medio Teravatio instalado y algunas predicciones la ubican en diez años como la energía más barata, entre sus ventajas se considera:

Las emisiones: No produce CO2 a la hora de generar energía, contribuye a la reducción de emisiones.

El ruido: Son muy silenciosos, solo el inversor de corriente hace un ruido leve.

Paisaje: Actualmente los diseños de celdas fotovoltaicas se pueden integrar en las fachadas de las casas y edificios, lo que hace que no ocupen grandes extensiones de suelo en las ciudades; esta versatilidad es lo que facilita el autoconsumo (producción individual de electricidad para el propio consumo), excepto en las grandes granjas solares, que por sus dimensiones son invasivas e impactan visualmente y al paisaje.

El agua: No demanda de agua para producir energía

Residuos: No producen ningún tipo de residuo.

Reciclaje: Los paneles solares se pueden reciclar hasta en un 90%

Eólica.

Con la llegada de Biden al poder en USA se colocaron nuevas metas energéticas y para cumplir estos objetivos Norteamérica deberá instalar al menos 70 GW (entre solar y eólica).

Tara Narayanan (Directora de análisis solar de BNEF) expresa que en los próximos 10 años, el parque eólico y solar de EE.UU. casi se triplicará. Pero, con todo, aún no será suficiente para alcanzar el objetivo declarado de la administración Biden de descarbonizar el sector eléctrico para 2035.

El ruido: es uno de los inconvenientes que tiene esta fuente de energía, a pesar de que no son altos niveles de ruido pueden afectar a las localidades que están demasiado cerca de las instalaciones.

Paisaje: Requiere menos espacio que un campo de fotovoltaica, sin embargo los grandes parques eólicos son visibles a largas distancias y puede tener un impacto paisajístico y generar malestar en la población local.

Aves: La altura de los aerogeneradores (50-80 metros de altura) y la velocidad de las palas (70km/h) puede tener un efecto negativo en las aves nocturnas

El agua: No demanda de agua para producir energía.

Residuos: No produce gases tóxicos, ni residuo sólido alguno.

Reciclaje: Las turbinas tienen un ciclo de vida muy largo y los residuos al desmantelar un parque eólico son reciclables o reutilizables hasta en un 90%

Las energías renovables se han ganado un espacio, me atrevo a decir que una nueva tendencia ecologista de las nuevas generaciones apoyada por la facilidad con que las críticas anti-contaminantes se mueven en un mundo globalizado hacen que las grandes potencias pongan a consideración las nuevas opciones para su mix energético.

Al día de hoy la eólica y la solar fotovoltaica son tecnologías maduras y el desplome de sus costos de generación las convierte en opciones asequibles. Latinoamérica debería empezar a trabajar en un plan para diversificarse; depende de cada gobierno tener una visión integral del desarrollo, porque solo así se podrá preparar a los ciudadanos, la industria y la economía para los años venideros.