Esta semana elegimos Presidente y Asamblea. La responsabilidad es grande.

Debemos saber que cualquier gobierno que llegue, no importa de qué sello o tendencia, encontrará un país devastado. No es solamente la economía la que no acompaña, sino la realidad social y de gobernabilidad.

Las campañas electorales nos han polarizado de nuevo y en gran parte han explotado antiguos discursos de odio. Las agrupaciones de clase han tomado posturas muy diversas y dudo de  que el próximo presidente llegue a tener el apoyo popular masivo. Así las cosas, la presidencia del Ecuador realmente no debería ser tan apetecida.

A esto hay que sumarle la realidad continental: Estados Unidos estrena presidente de línea izquierdista, México tiene la misma línea igual que Canadá, aunque este último tiene la política internacional más sana: no estorbar.

Centro América en general está lidiando con severos problemas sociales que han determinado grandes movilizaciones de gente hacia otros países. Y de cualquier forma esos países no pintan en la geopolítica continental, salvo los problemas que están exportando.

Sudamérica es insufrible. Venezuela no acaba de topar fondo y sus crisis no se resolverán en una sola generación. Colombia goza de relativa estabilidad, pero tiene que lidiar con las masas venezolanas mientras sigue su lucha contra los grupos delincuenciales que la acosan desde hace décadas. Dichos grupos delincuenciales, como es de conocimiento público, se encuentran operando también en nuestro país.

Las Guyanas -ojalá alguien se acuerde de ellos- son naciones americanas pero ahí están, y no son ni chicha ni limonada. Brasil no va a poder continuar siendo el pie de apoyo del sur, porque su economía está golpeada y tampoco ha logrado controlar la crisis sanitaria. Perú, parece, es el que está un poco mejor, pero en poco se va a notar el costo de haber recibido la mayor parte de la migración venezolana.

Argentina está próximo a elecciones y el país se encuentra completamente partido entre una nueva derecha fuerte y el socialismo XXI que sigue representado por Cristina y sus acólitos. Uruguay, Paraguay y otros que se me quedan por ahí, están concentrados en sus asuntos internos. Y sus activos políticos tampoco hacen gran representación a nivel continental.

Lo que tiene que suceder es simple: o bien el continente, sobre todo la sección sur, se une para crear un solo cuerpo que pueda influir en la economía global, o, los países se encerrarán en sus problemas propios para buscar acceder a una parte del mercado internacional, a costa de los intereses de sus vecinos. Así de simple, nos unimos o nos matamos entre nosotros.

Obviamente no se puede adelantar cuál camino deberemos transitar. Pero lo que sí es evidente, es que deberemos tener un gobierno capaz de lidiar con ambos escenarios. Para eso es imperativo, lo digo de nuevo, elegir a personas que puedan hacerse cargo solventemente. Habrá necesidad de transformar leyes, modificar la política pública en todas las áreas y mantener una posición diplomática fuerte.

No es cuestión de derechas o izquierdas, sino de buscar a quienes sepan hacer lo que hay que hacer. Ya no podemos darnos el lujo de caer en el populismo gris, que nos convence diciéndonos lo que queremos escuchar. Es momento de aceptar la realidad, aceptar que lo que se viene es duro y nos obliga a decisiones duras.

Cualquier gobierno que venga tiene que modificar salud, educación y seguridad; debe revisar el sistema impositivo y también las relaciones laborales. No importa por quien votemos, sino que debemos hacerlo.

Vamos a votar, pero conscientes de la necesidad de cambiar. Ya no busquemos salvadores, busquemos administradores.(O)