La posición de espectador resulta cómoda y fácil; el criticar y juzgar es mucho más conveniente que involucrarse. Esto sucede no solo en temas personales sino también a nivel de ciudadanos, donde el señalar los errores, defectos e incoherencias de las autoridades es mucho más oportuno que actuar. No es que defienda a las autoridades, todo lo contrario, pero es evidente que gran parte de la responsabilidad recae en nuestras manos y no estamos exentos a una observación rigurosa. Y es que existe una gran diferencia entre los que viven en Latacunga y los que son buenos latacungueños. 

Para empezar, los que viven en Latacunga pasan todo el tiempo en quejas y acusaciones de la ineptitud de las autoridades, se encuentran a la espera de que cumplan sus promesas de campaña, mientras que, los buenos latacungueños se han cansado de esperar que suceda aquel milagro y han emprendido ACCIONES REALES, demuestran su amor por la ciudad con hechos.

Los que viven en Latacunga, se sienten orgullosos de su tierra solo cuando existe Mama Negra; la consideran como la ocasión oportuna para salir con amigos y consumir alcohol gratis. En lo que resta del año, viven sumidos en un letargo: botan basura en las calles y poco les importa cuidar los bienes públicos. Lo buenos latacungueños, en cambio, son siempre orgullosos de su tierra, se preocupan de ver la ciudad limpia y no tienen miedo a denunciar a aquellos individuos que hagan daños y estropicios.

Los que viven en Latacunga, se quejan de la situación económica y la falta de empleo, pero no tienen problema en salir a otras ciudades para ir a comer o comprar cualquier artículo que bien podían encontrarse en la ciudad; dejan que los negocios e iniciativas locales vayan muriendo y por si fuera poco en el fondo se alegran de su desgracia. Los buenos latacungueños, en cambio, se apoyan unos a otros, compran y apoyan al emprendedor de Latacunga.

Los que viven en Latacunga son supuestamente amantes de los animales, se jactan en las redes sociales de ser animalistas, pero no tienen ningún reparo en comprar cachorros de raza en lugar de adoptarlos, mucho menos de esterilizarlos.  Salen muy orgullosos a pasear a sus mascotas, pero poco les importa cuando hacen sus necesidades en plena acera, pasaje peatonal o parque. Los buenos latacungueños, en cambio, toman las acciones necesarias con sus mascotas y siempre llevan consigo una bolsita plástica por precaución.

Los que viven en Latacunga tienen conocimiento limitado de lo que es la ciudad, les basta decir que es tierra de hallulas, chugchucaras, queso de hoja y Mama Negra. Mientras que los buenos latacungueños saben que Latacunga es mucho más que eso, están conscientes de sus personajes emblemáticos, de su historia, cultura y tradición.

En definitiva, los que viven en Latacunga hablan, reclaman y evaden; mientras que los buenos latacungueños demuestran su aprecio a la ciudad con hechos. Para terminar, surge la gran pregunta: ¿a cuál de los dos grupos pertenece usted?(O)