¿Arrepentimiento? Es una de aquellas palabras que quisiéramos tenerla fuera de nuestro vocabulario pero desgraciadamente aparece  cuando creemos que  cometemos alguna imprudencia, nos martirizamos por días y hasta semanas para prometernos no volver a hacerlo y generalmente terminamos en lo mismo. Aunque suene irónico, en contraparte a esta afirmación, según el libro de Bronnie Ware, una experta en cuidados paliativos y enfermos terminales, los principales remordimientos antes de morir no son por aquellas acciones que se tomaron sino por aquellas cosas que se dejaron de hacer. Esta mujer recogió entonces cientos de historias y experiencias de sus pacientes a punto de morir y los resumió en un libro donde manifestaba los principales remordimientos. La gran mayoría de pacientes terminales coincidieron en: “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera”. Resulta, que la sociedad nos ha impuesto el estereotipo que para ser felices debemos cumplir una serie de requisitos como: estudio, trabajo bien remunerado, casa, auto, matrimonio e hijos.  Nos han convencido que esa es la única manera de ser felices, hacemos hasta lo imposible para ajustarnos a ese perfil y por si fuera poco criticamos y juzgamos fuertemente a aquellos que valientemente decidieron romper el molde.

El siguiente arrepentimiento en la lista es: “Ojalá no hubiera trabajado tanto” Algo muy asociado al primero; donde invertimos tiempo, esfuerzo y en ocasiones sacrificamos hasta nuestra salud en el trabajo con el afán de llegar a una “cómoda” posición económica. El soñar o desear algo mejor es bueno, el problema es cuando existe frustración al no cumplir nuestras ambiciones,   anhelamos tanto el objetivo final  que nos olvidamos de disfrutar el proceso y la experiencia que implica. El tiempo es tan corto que cuando finalmente alcanzamos el status o los tantos ceros en la cuenta, las oportunidades se han ido o ya no contamos con la salud.

El tercer remordimiento de muchos es “Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía”. ¿Cuántas veces donde nos hemos quedado con las palabras contenidas, resumidas en pensamientos y expresadas solo en supuestas situaciones? Nos guardamos para nosotros mismos los sentimientos de amor u odio; por  miedo y principalmente por orgullo.

“Habría querido volver a tener contacto con mis amigos” es el siguiente punto en la lista. Lo cierto es que nos encontramos tan ocupados que muchas veces nos olvidamos de aquellas personas que verdaderamente son importantes en nuestra vida. Los coleccionamos como contactos y relaciones de influencia que nos resulta suficiente con tenerlos en las redes sociales, como consecuencia las salidas, las largas conversaciones, las risotadas y los vínculos emocionales que esto genera son cada vez menos.

Para terminar la lista de Bronnie Ware, a mi manera de ver, se encuentra el arrepentimiento más significativo de todos: “Me hubiera gustado ser más feliz”. Estamos tan dominados con la rutina, la obsesión de encajar en el medio, la crisis, el estrés, los problemas del resto y un sin número de otros distractores que nos impiden ver el lado agradable de la vida.

En fin, no quisiera caer en el papel de motivadora, los libros y reportajes de ese tema sobran; sin embargo a través de este espacio quisiera llamar a la reflexión. El tiempo desgraciadamente es tan corto que no podemos darnos el lujo de invertirlo en actividades que no enriquezcan nuestra vida  y no nos hagan felices.  Quisiera pensar que al final, en ese momento cercano a la muerte, no exista arrepentimiento alguno y el inventario de esa última etapa no sea en bienes y arrepentimientos, sino en experiencias.  No esperemos ese “momento especial”  para estrenar aquel traje nuevo, realizar esa invitación, viajar, iniciar o terminar la conversación pendiente.  No perdamos el tiempo hasta encontrarnos con la muerte y darnos cuenta de aquello que no disfrutamos. (O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

once − cinco =