En esta época florece todo tipo de sentimiento que se encamina hacia la prosperidad, paz y buenos deseos, se logra que de alguna manera y por arte de magia que el amor hacia los demás sea más evidente y efusivo, así como se genere un espíritu diferente y de reconciliación.
Pero estas bendiciones sinceras no siempre se logran en situaciones y lugares a veces muy cercanas a las nuestras, cuando por ejemplo tenemos familiares o amigos que han perdido su existencia en circunstancias violentas o de salud, cuando de por medio tenían una vida entera, la misma que es arrebatada produciéndose un vacío indefinido y tremendamente doloroso. ¿Cómo poder transmitir esta invocación, cuando de por medio hay desconsuelo y desesperanza? , ni siquiera palabras necesarias pueden expresarse en medio de tanto desconcierto.
O a su vez personas cuyas circunstancias son extremas cuando se ven afectadas su salud y a veces el desenlace es fatal, sin que exista a veces la mínima esperanza de recuperación, cuantas vivencias se trasladan a los corrillos de los centros de salud, y cuánta impotencia se respira entre tanta medicina. ¿Cómo aliviar en medio de estas inmisericordes realidades un abrazo efusivo?, solamente un sentimiento de fe y creencia.
Igualmente las cárceles no necesariamente se encuentran personas culpables, a veces la inocencia está abarrotada de individuos sin culpa y a veces perseguidos por su convicción y forma de pensar, encarcelados por su manera de sentir y afrontar las tiranías, pisoteados por el Poder, mancillados en su nombre en su dignidad y en su familia, sin mediar sus proyectos de vida.
Hoy mismo los hermanos Shuar de la amazonia defendiendo sus territorios ancestrales concesionados a las grandes mineras Chinas, desalojados por la fuerza, sin respuesta judicial, sin amparo de sus derechos, desairados, y marginados de su entorno ambiental, vilipendiados por sus cosmovisiones, tildados de terroristas, de criminales y hasta buscados como criminales vulgares, otorgados valores de dinero como si se trataran de lo más peligrosos por el hecho de proteger su vida y sus familias.
Cuántos fungen de criminales cuando en realidad lo único que defienden es su libertad y el bienestar de los suyos ¿cómo poder atravesar estas barreras por encima del escarnio y desearles felicidad?, pero la convicción vence los barrotes y libera, porque no hay precio para la libertad.
Las guerras en medio Oriente, la cruda realidad en Alepo (Siria) cuántas niños y niñas devastados por la inclemencia de los Estados, por la sinrazón de los fundamentalistas, cuánta sangre derramada de inocentes por intereses económicos, cuántas familias desplazadas por la persecución, cuántas víctimas de un conflicto que no termina y que se ha quedado golpeando a los más débiles. ¿Habrá tiempo y espacio, o acaso recordaran que es Navidad?, cuando lo único que desean solo es sobrevivir.
El drama de los migrantes, cuando aquellos tienen una fecha de salida, pero nunca una de retorno, alejados de sus seres queridos para mejorar su bienestar, arriesgando sus vida en los mares, en las fronteras, en los trenes, en los automotores en los desiertos, cazados como animales, enjaulados como delincuentes, deportados sin papeles, condenados por el único afán de superarse y dar de comer a los suyos. ¿Cómo llegar con un abrazo, con una caricia tierna, con unas palabras de aliciente?, solo su convicción de salir adelante genera una gesta tan épica como dejar a los suyos y enrumbarse a veces en caminos sin retorno.
Y a veces teniendo todo somos tan vacíos, en ocasiones llenos de algarabía y luces, sentimos tanta soledad, tanto silencio, no siempre el acompañamiento requiere de alegría, a veces la culpa y el temor limita nuestra efusividad, allá a veces los deseos no llegan a pesar de tener muchos abrazos y hasta regalos.
Porque lo material no es suficiente, lo palpable resulta ineficiente, no solo se requiere de entregas, sino de escuchas, de un diálogo sincero, de un entendimiento solidario, de un silencio que solo mire a los ojos y entienda.
Ese mensaje puede ser el más valioso, el más leal, el más sentido; el espiritual, aquel que no se mide, no se compara, no se vende ni se adquiere, ver felices, cumplir con el trabajo, brindar el servicio, a veces sin recompensa y solo por la convicción de ser el bálsamo en situaciones muy tristes.
Cada vez se aprende y con los años se recepta de mejor manera lo práctico, lo sencillo, lo simple, nada de sobrenatural ni acomodado, no palabras huecas y sin sentido, aquellas que son como las campanas de bronce que se agitan internamente pero no resuenan.
Tan difícil nuestro mundo, mucho más tecnificado y frío, sin comunicación ni diálogo, solo con la tecnología en mano que soluciona los mensajes sin contenido y se remite a grupos de forma indistinta.
Que esta Navidad trate de ser diferente, más cordial, más sensible, más solidaria, que pase por nuestras formas de compartir al menos las realidades de nuestros semejantes y de vez en cuando nos ubiquemos en sus lugares.
Que esta Navidad privilegie el sentido lógico y natural de compartir, sin intercambio de regalos, sino con la ternura del abrazo, la sonrisa sincera y la entrega cariñosa desinteresada.
Que la sencillez, la humildad y el desprendimiento sea el obsequio más espontáneo.
Feliz Navidad.(O)

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