Jóvenes líderes de la UTC también viajaron a Quito a participar en la resistencia junto a los pueblos y nacionalidades indígenas; su experiencia en esos días los marcó para siempre.

Miles de historias se tejieron en todos los rincones del Ecuador, durante 11 días que duró el paro nacional en contra de las medidas económicas de Lenín Moreno; pero las más fuertes tuvieron lugar en el centro norte de la capital, donde más de 20 mil personas de las distintas nacionalidades y pueblos indígenas se albergaron.

Carlos Quishpe, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador en Cotopaxi (FEUE), viajó el lunes 7 de octubre a Quito; conjuntamente con otros cinco compañeros, con las provisiones alimenticias que se recogieron en la sede del  Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC).

Ayudaron a cargar los alimentos, y partieron antes de las 17:00, sabían que se dirigían a una lucha complicada, pero jamás se imaginaron todo lo que estaban a punto de vivir.

Durante el trayecto Quishpe, quien es estudiante de la Universidad Técnica de Cotopaxi (UTC) se sintió motivado al ver que la gente que se hallaba en las carreteras los apoyaba para continuar su trayecto; con paradas y bajadas, se demoraron cerca de cinco horas en llegar al Ágora de la Casa de la Cultura.

Tan pronto llegaron, debieron ayudar a bajar las provisiones, para repartirlas. Recuerda como el nivel de organización permitió que casi inmediatamente estos alimentos se distribuyan por todos los lugares donde hacían falta.

Quishpe y sus cinco acompañantes se disponían a engrosar las filas de los manifestantes, con la proyección de pacifismo. Sin embargo, le sorprendió el nivel de represión, “los policías creo que se asustaban de ver tanta gente, por ello actuaban violentamente”.

Enseguida los jóvenes debieron buscar dar protección  a los grupos vulnerables; ancianos, mujeres y niños, “fue sorprendente, un 10% de las personas que estaba ahí eran niños”.

Explicó cómo se repartieron para poder llegar con agua de bicarbonato para asistir a los pequeños, víctimas de las bombas que se lanzaban sin ningún tipo de consideración a este grupo vulnerable.

Hojas de eucalipto y sal, eran los únicos “remedios” que portaban las personas para enfrentar la represión.

Así fueron pasando los días, Quishpe está consciente que cuando viajó hasta Quito, nunca se imaginó que se quedaría por cinco días; ni él ni sus compañeros se prepararon para ello. Nadie llevó ropa.

“Pasamos con la misma ropa, sucios, pero la bondad de la gente nos hizo llegar ropa para podernos cambiar, fueron días increíblemente difíciles”.

Para el joven la experiencia le hizo comprender muchas circunstancias, pero está especialmente dolido, por el accionar de la Fuerza Pública. La vivencia lo marcó para siempre.