Los juegos tradicionales forman parte del patrimonio intangible, pues están ligados a la historia, cultura y tradición del pueblo ecuatoriano por la transmisión vía generacional de la memoria colectiva que nos identifica con una serie de ejercicios recreativos o pasatiempos.

Los trompos, la perinola, la rayuela, saltar la cuerda, volar cometas, las canicas, el palo ensebado, los ensacados, el torneo de cintas, el juego de zancos, el zumbambico, sin que te roce, huevos de gato – entre otras- son actividades lúdico-recreativas que forman parte de la memoria colectiva que posibilita desarrollar capacidades motoras, intelectuales y afectivas.

Estos juegos sanos van perdiendo -paulatinamente- vigencia en los niños del siglo XXI, que pasan horas de horas en solitarios videojuegos agresivos frente al televisor, computadora o celular.

Muchos de los juegos tradicionales tienen además la virtud de desarrollar la creatividad, ya que pueden construirse artesanalmente y para ello no se necesitan materiales costosos, su elaboración  formaría parte de las complicidades entre padres e hijos, ayudando a consolidar la relaciones familiares.

Aquellos que adquirieron la categoría de deporte -el juego de pelota nacional y el ecuavóley- corren suertes distintas, el primero en sus diferentes modalidades cada vez es practicado por menos personas, mientras que el segundo goza de gran aceptación en los sectores populares y en el medio rural.

Lamentablemente, los organismos nacionales y locales que deberían promocionar, fomentar y apoyar todos y cada unos de estos elementos identitarios del pueblo ecuatoriano, carecen de políticas y de acciones concretas. La escasa visión de los estamentos estatales deja huérfano a nuestro pueblo del necesario e indispensable respaldo para evitar que desaparezcan.

Es por eso que, estos tiempos de aislamiento o distanciamiento social deberían -partiendo del seno del hogar- ayudarnos a recuperar valores sociales que son importantes para una convivencia armoniosa. La puesta en valor de los juegos y deportes tradicionales debe robustecer nuestra identidad, es necesario que abramos un diálogo colectivo que evite la pérdida paulatina de este patrimonio intangible.(O)