Por: Dr. Ángel V. Rocha Romero

En algún artículo de opinión meses atrás decíamos que  queremos una ciudad y un cantón Latacunga,  que se enrumbe y camine hacia el futuro, una ciudad orgullosa de su historia, de lo que somos, -pero interesados en lo que queremos ser-, cuidadosos de lo que tenemos. Una ciudad de gestión cultural, social y deportiva para los niños, jóvenes, para la tercera edad, para los jubilados, para la familia, para la mujer. Una ciudad y cantón que se desarrolle en el agro y que lo haga también en la agro-industria de economía familiar. Una ciudad de la cultura, las artes y –las buenas costumbres-. Una ciudad que sienta orgullo de su coloso el Cotopaxi y no miedo, que viva por siempre con él y junto a él. Una ciudad y Cantón que no esté ubicada como cárcel. Una ciudad y cantón cuyas autoridades sean verdaderos líderes –el liderazgo se lo predica con el ejemplo-.

Recuerdo esta parte introductoria para opinar sobre el “aniversario” de la fallida declaratoria de emergencia por una “posible” erupción del volcán Cotopaxi. Cada 15 de agosto, a partir del 2015,  recordaremos los latacungueños y cotopaxenses uno de los acontecimientos más nefastos para nuestra comunidad. Se anunció la erupción de nuestro coloso a pedido de la máxima autoridad provincial, esta noticia corrió por todos los medios de comunicación –ahora tenemos muchísimos- hablados, escritos, televisivos, redes sociales, y el pedido era la imperiosa necesidad de evacuar todas las áreas cercanas a los ríos cuyos orígenes estaban en las nieves del Cotopaxi. La ciudadanía entendió y de manera totalmente desorganizada abandonó sus viviendas, sus barrios, sus comunidades, verdaderamente la situación se convirtió en un caos total. Se buscaba las partes altas calificadas como “zonas de seguridad”, las personas desorientadas trataban de llevar consigo el mayor números de cosas, especialmente, electrodomésticos, unos los cargaban personalmente, otros lo hacían en vehículos, pero en el fondo la gran mayoría pensaba que había llegado la hora, la historia sísmica narrada de generación en generación sobre las erupciones del volcán Cotopaxi, hacían presagiar una destrucción total de nuestra ciudad. Pero el coloso –estaba ahí- como todos los días y años, su presencia era la de siempre vigilante y querendón de sus dueños los latacungueños y cotopaxenses, no había tal actividad volcánica, ni lava por sus flancos, estaba tranquilo e impasible, mirando como avanzaba por la Carretera Panamericana –mal llamada E-35- un respetable grupo humano a reclamar en Quito por las arbitrariedades del Poder Político Central.

Pasado un tiempo prudencial, vista la grave situación producida, las autoridades responsables de tamaño desatino, comenzaron a señalar como falsa alarma, se habían confundido con algunas emanaciones propias y normales de un volcán activo y simplemente -que preocupados por nosotros-, habían optado por disponer la evacuación.

El daño estaba causado, – el perjuicio es  irreparable- para la ciudad, para sus habitantes, para la economía de nuestra ciudad y cantón. Han pasado cuatro largos años y no hemos podido estabilizarnos, creo que así como vamos –sin liderazgo- pasarán otros tantos años en los que los latacungueños en base a su empuje, tesón y cariño a la tierra -podamos devolverle- esa característica histórica de pensil de los Andes, en donde renazca la industria pequeña, mediana y grande, el comercio, la cultura, la educación, el deporte…queremos verte crecer …más allá de estos desatinos políticos …a veces por culpa de una falta de cultura política para elegir y la falta de participación para ser elegidos.

En estas circunstancias Latacunga requiere de sus autoridades,  los gremios de industriales y del comercio, de la cultura y la artesanía, de sus barrios, de sus hombres y mujeres todo el esfuerzo para volver a ser  una ciudad que brinde seguridad como elemento clave para la creación de plazas de trabajo, que respete la equidad de género, -con activa participación de la mujer-(no quitándole elementos de su real presencia), en la transformación de la realidad socio-económica de la ciudad y del cantón.

 Para ello es necesario un nuevo liderazgo que recupere el latacungueñismo tan venido a menos, que nos haga sentir que somos mashcas  de origen y corazón,  -mashcas de siempre-. En resumen queremos una Latacunga cuyos líderes -sirvan a la gente y no se sirvan de ella- que la lideren con dignidad, responsabilidad y con ética, -ese debe ser- el compromiso de los latacungueños en este difícil momento  que vivimos, como fruto entre otras razones de la inexcusable declaratoria de emergencia por la erupción del Cotopaxi hace ya cuatro años. Que estos malos recuerdos no vuelvan jamás. (O)