Los manglares, como otros humedales costeros, son poderosos sumideros de carbono. Es decir, absorben dióxido de carbono del aire para almacenarlo en sus raíces y ramas, así como el sedimento que se acumula a su alrededor; lo hacen tan bien que pueden almacenar hasta 10 veces más carbono que los bosques, a diferencia de las selvas tropicales, que almacenan carbono en la biomasa, por lo tanto, lo liberan cuando los árboles mueren, los manglares almacenan la mayor parte del carbono en su suelo y sedimento, si no se lo molesta, permanece allí durante miles de años.

Este yacimiento, conocido como carbono azul, que es el secuestro y almacenamiento de carbono por los ecosistemas marinos está ganando atención en la carrera hacia el cero neto del calentamiento y las tres grandes reservas de carbono azul: manglares, marismas y pastos marinos, son las nuevas áreas urgentes de conservación.

Los recortes de emisiones que necesitamos para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 ° C tendrán que provenir del océano, según el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible. La protección y restauración de los ecosistemas de pastos marinos, manglares

 y marismas, que representan más del 50% de todo el almacenamiento de carbono en los sedimentos oceánicos, podría ayudar a absorber el equivalente a 1400 millones de toneladas de emisiones al año para el 2050. Estos ecosistemas se encuentran  entre los más amenazados del mundo por el desarrollo costero, dañados por la agricultura, las prácticas pesqueras nocivas y la contaminación, por lo que protegerlos y restaurarlos es costoso. Sin embargo, para los científicos oceánicos alarmados por la velocidad a la que estos ecosistemas están desapareciendo, el carbono azul podría usarse como motivo para restaurar y conservar partes del océano que de otro modo no recibirían mucha atención.

Las praderas de pastos marinos, que pueden almacenar carbono en el lecho marino mucho más rápido que los bosques tropicales y almacenarlo durante milenios en lugar de décadas, están desapareciendo a una tasa del 7% anual.

Una cosa que hemos aprendido es que si queremos hacer conservación se necesita trabajar con las comunidades locales, tenemos presencia diaria allí, con un estricto monitoreo, visitas al sitio y análisis de imágenes satelitales para demostrar que el área de manglares permanece igual.

Primero, existe una tendencia global hacia la necesidad de soluciones basadas en la naturaleza para la crisis climática, en segundo lugar, han existido muchos avances en nuestra comprensión de los océanos y la forma en que secuestran y almacenan carbono.

Nuestro país dispone en todo el litoral de extensas áreas de manglares, humedales, pantanos para almacenar carbono azul, pero estamos destruyéndolos con el manejo de camaroneras, actividades marítimas y agrarias, es hora de utilizar en forma planificada estos ecosistemas para evitar el colapso climático.