En mi último recorrido por los páramos de la cordillera central, entre los  sectores de Anteojos, Rayo Filo, Langoa, Yanacocha y Salayambo, pude  observar pocas manchas de vegetación arbustiva que hace cien años cubrían esta zonas; vegetación que crece venciendo las condiciones adversas del clima y la mayor parte de ellas han desarrollado algunas estrategias adaptativas, no solo para soportar las inclemencias del tiempo, sino también la fuerte presión del ser humano para talar y quemar esta cobertura vegetal.

Esta insólita costumbre ha puesto en grave riesgo la sobrevivencia de quienes habitamos en la cuenca del Cutuchi, por cuanto en los páramos se condensan los vapores calientes que vienen de la Amazonía y se transforman en precipitaciones que caen en la superficie de la cordillera, se infiltran en el suelo para formar las corrientes subterráneas, también se retiene el agua en las lagunas del sector y en su ecosistema esponjoso, que luego toman el curso acuático que sirve para mover las turbinas  de las plantas eléctricas Illuchi, abastece como agua potable para Latacunga y sirve para regadío de amplios sectores agrícolas.

Algunas especies vegetales muestran cambios morfológicos en relación a otras, tales como tallos leñosos muy duros, hojas coriáceas con espinos, pelos etc., que les permitirá regenerarse después de la quema del pajonal. Pero otras especies no pueden resistir el fuego y sobreviven únicamente en los pocos fragmentos de vegetación que quedan.

Entre las especies que presentan características de resistencia al trato del hombre están las achupallas, pajonales, chuquiragua, algunas chilcas, mortiños, zuros, etc. Vegetación que hace posible  que todos esos ecosistemas continúen cumpliendo su misión en la naturaleza, pero todo tiene su límite, hoy se detectan fuertes perturbaciones que se reflejan en la disminución año tras año de sus caudales hídricos y si no se advierte algún cambio en el comportamiento de sus habitantes de seguir quemando y destruyendo la vegetación del páramo, la ciudad de Latacunga se quedará sin agua y veremos esas extensas zonas convertidas en desiertos y suelos áridos, al igual que los valles interandinos.

Por todas estas circunstancias la Municipalidad de Latacunga, el Gobierno, la Empresa Eléctrica, el sector agrario -usuarios de estos recursos- deben elaborar un proyecto conjunto de recuperación de los páramos, reforestando con especies nativas, desarrollando programas de capacitación en las comunidades, que ya se encuentran asentadas en las alturas y protegiendo los cursos de agua para evitar la contaminación.

Finalmente, los páramos están constituidos por ricos ecosistemas que se extienden hasta las mismas nieves, en donde se inician todos los procesos relacionados con la vida de otros seres; cuidémoslos, protejámoslos, conservémoslos, pues de ellos recibimos el agua fresca limpia y pura, así como otros beneficios  para que el ciclo de la vida continúe.