Seamos sinceros, desde hace un buen tiempo nos dimos cuenta que los cargos políticos dejaron de ser una oportunidad para aportar con intelecto, esfuerzo y cumplir con el propósito para el que fueron elegidos. Hoy en día, una buena parte de los individuos que fueron elegidos por votación popular, han encontrado una grandiosa oportunidad para engrandecer su ego y por supuesto su bolsillo. La política como tal, resulta un buen negocio para quienes asumen los cargos públicos y por supuesto para sus coidearios, familiares y recomendados; un círculo vicioso de favores, comisiones, contratos jugosos y jugadas fuera de la ley. 

Hoy en día, lanzarse para candidato resulta una interesante inversión y es justamente por ello que a meses de las nuevas elecciones ya se hacen notar una variedad de personajes nuevos, conocidos y repetidos. En este artículo haré énfasis a este último grupo y los llamaré:” los reciclados”.

Están aquellos que ganaron gracias a un partido, en el trayecto se cambiaron y cuando quieren ser reelectos van por un partido distinto e incluso contradictorio al que en un principio apoyaron. En general, su desempeño en el cargo en cuestión, deja mucho que desear y a pesar de ello no tienen reparo ni mucho menos vergüenza en postularse una y otra vez a la posición que sea. Ansían alcanzar concejalías, Alcaldía, Prefectura, Asamblea e incluso la Presidencia. Su repetida postulación los ha vuelto conocidos y resultan fijos en la nómina de candidatos. Están tan convencidos de su “potencial” que no dudan invertir en su repetida postulación; sea con recursos propios, en el mejor de los casos, o sino recurren a las instituciones de las que ya son representantes para descaradamente sacar ventaja del personal, recursos físicos y por supuesto tener presencia en eventos oficiales, sociales y masivos. Estos personajes resultan peligrosos, porque si su desempeño al frente de una institución fue mediocre ¿Por qué entonces seguir en el ruedo político? Sospecho (y quiero ser enfática es una sospecha) que tal necedad se debe a la necesidad de reconocimiento, dominio y jugosos réditos económicos. Estos individuos una vez que prueban las mieles del poder difícilmente quieren volver a ser ciudadanos comunes y corrientes.

Por otro lado, están aquellos que a pesar de nunca haber ganado se postulan repetitivamente.  El que sean candidatos una y otra vez genera la misma duda. Si resulta evidente que no cuentan con el apoyo de la gente como para ganar ¿Por qué ser candidato una y otra vez? Seamos honestos, una campaña implica una buena inversión de tiempo, recursos económicos y humanos. ¿Por qué tanta insistencia entonces?

Finalmente están aquellos individuos que se postulan en las elecciones para ser directores o presidentes de los distintos gremios, asociaciones y cámaras locales de agricultura, cultura, turismo, industrias, comercio o el rubro que aparezca.  Directivos que transitan de una organización a otra cada vez que se termina su periodo. Tales cambios radicales no son señal de su experiencia, versatilidad, conocimiento o trabajo eficiente, sino es la clara manifestación de ansiedad por mantenerse en el poder. Estos individuos disfrutan de los eventos sociales, las entrevistas, la influencia y sacan provecho de su cargo; su trabajo ineficiente genera serios estragos y desfalcos en las instituciones, y una vez que terminan pasan a una siguiente para hacer exactamente lo mismo: un completo desastre.

Más allá de describir estos personajes, soy enfática en este tema porque hoy más que nunca debemos ser inteligentes y conocer desde ya a quienes aspiran ser nuestros gobernantes.  Conviene tener claramente identificados a estos personajes, porque si vuelven a aparecer en la palestra política, difícilmente será por su capacidad o intención de hacer algo bueno. Tal insistencia, la gran mayoría de veces se debe a la urgencia de reconocimiento y poder. Está en nosotros decidir quiénes merecen nuestro voto y con ello alcanzar aquellos cambios tan anhelados. (O)