El tamborero pingullero, es el maestro músico que entona dos instrumentos simultáneamente. (foto archivo)

Posiblemente el traje del tamborero-pingullero no es tan llamativo como  en el danzante, incluso para los extranjeros que llegan a la fiesta del Corpus Christi, que se la vivió en días pasados. Su nombre es poco conocido, pero lo cierto es que sin ellos no existirían la celebración, danza ni ritmo.

El tamborero – pingullero es el maestro músico, que ejecuta dos instrumentos simultáneamente. Un tambor mediano con una baqueta y con la otra mano el pingullo (pingullu en Kichwa), un tipo de flauta vertical hecho de caña en la actualidad, ancestralmente de la canilla de un cóndor con tres agujeros, dos en la parte superior y uno para el pulgar en la inferior. El bombo y el pingullo son instrumentos ancestrales, que datan de la época incásica, con los que se interpreta el “Intipak Taki” o música del sol.

Pantalón, poncho y sombrero, constituyen su sencilla vestimenta y a diferencia del danzante, se ha mantenido relativamente intacta en el devenir de los tiempos. En la actualidad, la única diferencia es que el sombrero suele estar adornado con cintas multicolores y los tambores con frutas que representan la productividad de la tierra.

Según Alex Velasteguí, conocedor de esta tradición, este personaje es esencial para completar el ritual en agradecimiento a la Pacha Mama, que realiza el sacerdote de la lluvia o danzante, pues su melodía similar a los latidos de un corazón (tambor), se relacionan con la corriente de la montaña (pingullo), que le dan al danzante el ritmo de sus movimientos durante todo el trayecto.

Esta sincronía fascinante, se complementa con el sonido de los 12 cascabeles que el danzante lleva pendiendo de las piernas. Velasteguí lamenta que conforme pasan los años, los tamboreros pingulleros hayan sido reemplazados por bandas de pueblo o amplificadores de sonido, que le quitan el toque contemplativo a esta fiesta ancestral.

“Definitivamente no es lo mismo, la tecnología no podrá reemplazar el mágico sonido del bombo y el pingullo”, aseguró el conocedor.  Con esta visión coincide Gustavo Segovia, quien representa a este personaje por más de 30 años. Con sus melodías ha visto pasar a varias generaciones de danzantes. “Nosotros los pingulleros, les indicamos el ritmo para que cojan el paso”.

Segovia explicó que cuando sale a las comparsas, el bombo y el pingullo se sienten como una extensión de su cuerpo. Su oído se afinó de tal manera, que es capaz de percibir cuando algún integrante de la comparsa ha perdido el paso.

Considera que más que una tradición para el tamborero pingullero, es un arte, una manera de contactarse con los ancestros. Le preocupa que cada vez existan menos y que estén a punto de desaparecer.

Para contrarrestar esta dura realidad, nació el proyecto “Itipak Taki Bombo y Pingullo”, que busca fortalecer esta tradición, lo dio a conocer Juan Albán, director de Cultura del GAD Municipal de Pujilí.

Este proyecto ganó el concurso de fondos concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio en el 2014 y debido a la acogida, volvió a hacerse merecedor en este año.

Los impulsadores de esta iniciativa, le dieron vida al primer taller que se denomina: ‘Recuperando la música del sol’, desarrollando en la parroquia de San Andrés de Píllaro (Tungurahua), en el cual se está capacitando a cuatro jóvenes en este arte musical ancestral, para impedir que se pierda la tradición.

Además, trabajan en Cotopaxi con temáticas sobre cómo revalorizar a este icónico personaje, que hizo su paso el 17 de junio en la tradicional comparsa del Corpus Christi, por las principales calles de Pujilí – Cotopaxi. (F)

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