Cincuenta y ocho años han transcurrido desde el asesinato de “Las Mariposas”, iconos de la lucha de las mujeres latinas en contra de la violencia de género; me refiero a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, mujeres dominicanas y activistas políticas. Es necesario reflexionar sobre algunos aspectos de las condiciones actuales que atravesamos las mujeres.
En el Ecuador las mujeres constituimos alrededor del 50% de la población, la inmensa mayoría somos parte de las clases trabajadoras, además, somos objeto de discriminación y abusos, soportamos una triple carga laboral. En la producción, vendemos nuestra fuerza de trabajo; en la reproducción de la especie humana, somos madres cumplimos responsabilidad diarias; sin horario, somos las primeras en levantarnos y las últimas en acostarnos; y en las actividades domésticas; contribuimos a la renovación de la fuerza laboral social y familiar, actividades de las cuales no nos jubilamos.
A esta condición se articula la inequidad de género, que se manifiestan en todos los ámbitos de la vida de la sociedad; expresados a través de prácticas machistas, sexistas, misóginas, como construcciones socio culturales, que son el resultado de un sistema patriarcal, se reproducen estereotipos impuestos en la sociedad a través de roles y atributos que acentúan las condiciones de discriminación entre hombres y mujeres.
Vivimos reales condiciones de violencia que no se las puede ocultar, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos INEC en los resultados de la Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres realizado a mujeres de 15 años y más, con una unidad de muestreo de 18.800 viviendas; en las 24 Provincias del país, en el sector urbano y rural, información levantada del 16 de noviembre al 15 de diciembre del 2011 determinan resultados escalofriantes: 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia (física, psicológica, sexual, patrimonial). 1 de cada 4 mujeres han vivido violencia sexual; sin embargo la violencia psicológica es la forma más recurrente de violencia de género expresada en un 53,9%. La violencia de género sobrepasa el 50% en todas las provincias el país. 9 de cada 10 mujeres divorciadas han vivido algún tipo de violencia de género. En todos los niveles de instrucción la violencia de género sobrepasa el 50%, sin embargo en las mujeres que tienen menos niveles de instrucción la violencia llega al 70%. Del total de mujeres que han vivido algún tipo de violencia de género el 76% ha sido violentada por su pareja o ex pareja. El 43.4% ha vivido violencia psicológica en sus relaciones de pareja. Las mujeres que se han casado o unido por primera vez entre los 16 a 20 años son las que mayor violencia han vivido con el 70.5%. El 88.2% de las mujeres que han sufrido violencia no piensa separarse de su pareja. El 67.5% de las mujeres que son jefas de hogar sufre violencia de género.
De acuerdo a la información de indicadores de violencia publicadas por varias organizaciones y fundaciones como Aldea, Cedhu, entre otras; se determina que la provincia de Cotopaxi, se constituye en la segunda provincia con mayor incidencia de femicidios registrados en el año 2019; es decir, desde el 01 de enero hasta el 05 de mayo del 2019 se han registrado 35 femicidios, de los cuales 5 han sido perpetrados en la Provincia.
Para contrarrestar estos lamentables indicadores, es necesario demandar la prevención de violencia en todos los ámbitos de la vida pública y privada; como el maltrato intrafamiliar y escolar, los distintos tipos de acoso, la trata de personas, el tráfico de niños, la pornografía, la prostitución infantil, el trabajo y mendicidad infantil, como nuevas formas de violencia.
Requerimos fortalecer la educación en todos los niveles y la reflexión sobre las condiciones de las relaciones familiares. Todas y todos debemos demandar del cumplimiento eficaz de la Ley Orgánica Integral para la Prevención y Erradicación de la Violencia de Género y el debate abierto y sin prejuicios de elementos controversiales sobre temas de violencia, educación, salud sexual y reproductiva como un instrumento de ponderación de derechos que han sido alcanzados gracias al esfuerzo y la lucha histórica de las mujeres y que permitió posibilitar la consecución de importantes logros en materia de regulación de derechos vinculados a las desigualdades de género.(O)