Lustrabotas de la plazoleta de El Salto, cada día sacan brillo a los zapatos de sus clientes. FOTO M.S. LA GACETA

Todas las mañanas se levantan con sus corazones llenos de esperanza, de que el día de hoy será mejor que ayer. Su trajinar empieza cuando aún está oscuro y en sus manos llevan su caja de lustre con todos los instrumentos de trabajo.

Llegan a las siete de la mañana a la plazoleta de El Salto y ahí empiezan a ubicarse en su pequeño kiosko, para atender a sus clientes.

Hoy en día encontrarse con un lustrabotas en los parques, jardines o incluso en cualquier esquina es algo común, pues ellos como cualquier otro trabajo digno, buscan prestar un servicio de calidad, a cambio de una pequeña remuneración. “El precio que pagan es de 0,50 centavos y aun quejándose por esta labor”, señala uno de ellos.

Sin tomar en cuenta que ellos aguantan el sol fuerte de la mañana y la lluvia de la tarde.

A pesar de las malas caras y uno que otro insulto, ellos siempre están prestos a atender con una sonrisa, que para algunas personas no significará nada, pero para muchas, les puede alegrar el día.

Esta labor la practican niños, personas adultas y mujeres, para quienes, este es el único empleo que no discrimina raza, edad o género.(I)

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