Estamos atravesando un período de tinieblas. Empezando por el afloramiento de actos de corrupción que escandalizan a los parroquianos, por la manera desalmada que se perpetran, en momentos de angustia. Se suma la emergencia sanitaria, que ha cobrado muchas vidas y asolado nuestra economía, destruyendo fuentes de trabajo, que redunda en problemas sociales y laceran la sociedad en su célula fundamental, la familia.

Con un panorama tan obscuro, tenemos sobradas razones para dudar si acaso no tenemos salida. Bien nos vendrían un par de comentarios realistas, para abrigar la esperanza de salvar estas duras pruebas. No supimos hacer buen uso de la gigantesca suma de recursos que nos dejó la bonanza petrolera en diez años de despilfarro. Tenemos deudas impagables, de no cambiar algo de fondo en los años venideros. La deuda pública asciende a ¡58 418 millones!

Con este enorme peso sobre las espaldas, sobrevino el gran perjuicio económico derivado de la pandemia, que anula la capacidad de pago del Gobierno central, motor del crecimiento, por definición ideológica desde 2007. La gran capacidad que tenemos los ecuatorianos para buscar culpables, nos ha llevado a desgastarnos en esa inútil gestión, especialmente porque no existe legislación en nuestro país para que rindan cuentas sobre el uso ineficiente de recursos, ni los actos de corrupción que cada día se descubren para frustración de la ciudadanía. Es necesario mirar hacia adelante y buscar soluciones.

En este orden de ideas, es preciso analizar el significado de la propuesta renegociación de la deuda pública con bonos soberanos emitidos desde el inicio de la dolarización. El ministro Richard Martínez ha informado al país el estado de las negociaciones con los tenedores de estos bonos, por medio de la Bolsa de Valores de New York, que se sujetan a normas muy claras y rígidas en USA para proteger a quienes invierten en papeles fiduciarios. El cuestionado pago de $320 millones en plena pandemia, informa que fue necesario para abrir negociaciones que pospongan los pagos que vienen desde agosto de 2020 en adelante, por sumas imposibles de pagar en estas circunstancias.

Ahora podemos evaluar la estrategia que abarca la “totalidad de bonos en circulación”, que representan el 32% de la deuda pública. Informa que la propuesta de renegociar ha sido aceptada -por el momento- por el 45% de los tenedores y que hasta el 15 de agosto deberán expresar su aceptación o no, al menos 21% adicional para lograr 66% de apoyo y se viabilice la implementación. Ecuador debería expresar su “respaldo unánime” al Ministro para lograr ese voto favorable, en beneficio del país, alejado de ideologías.

En resumen, se reduce la deuda de $17 375 millones a $15 835 millones, ahorrando $1540 millones, pagaderos a partir de 2030 hasta 2040, con cinco años de gracia; los intereses vencidos se rebajan en 14% y se pagarían a partir de 2026 hasta 2030 sin generar interés. La tasa de interés se reduce y no supera el 7% anual, en ningún momento, con dos años de gracia. Al momento el interés es 9% en promedio. Tenemos plazo largo para pagar, reducción de tasa de interés, período de gracia para capital e intereses y lo más importante, un enorme alivio en las finanzas públicas durante todo el próximo período presidencial, hasta 2026.

No está resuelto todo, si esto es finalmente aceptado, pero es “la mejor noticia del siglo” y permitiría utilizar los recursos que se destinarían al pago de la deuda, para cumplir con los objetivos de reactivación económica y estabilizar al país, de la mano de ajustes estructurales que son impostergables. Si así llueve, que no escampe.

¡EXCELENTES NOTICIAS! (O)