El mundo comercial se ha globalizado. Desde la tienda de la esquina, hasta las grandes cadenas de almacenes y supermercados, ofrecen a sus clientes una enorme cantidad de opciones de alimentos, vestimenta, juguetes y cualquier producto que tenga demanda. Observando el etiquetado, descubriremos que muchos productos se originan en lejanos países, sobresaliendo los asiáticos. No es extraño encontrar productos originados en la India, Pakistán, Corea del Sur, Vietnam, Honduras, Brasil o cualquier otro.
Mirando este fenómeno desde el ojo del consumidor, la gran oferta redundaría en su beneficio, especialmente en precio y muchas veces también en calidad. El mercado mundial es altamente competitivo y la oferta es superior a la demanda, con lo cual la agresiva competencia obliga a bajar los precios al mínimo que le garantice una modesta utilidad al oferente. Pero mirado desde la óptica del productor local, esa feroz competencia cambia las reglas del juego y se somete a los precios que el consumidor esté dispuesto a pagar por la calidad ofrecida.
Lamentablemente, el productor ecuatoriano se encuentra en desventaja frente a muchos productos importados, pues en gran número provienen de países que hace mucho tiempo han hecho conciencia de la necesidad de ser competitivos y se han asegurado de crear un ENTORNO favorable para la producción agrícola, industrial y demás, garantizando que no se exporten tributos y respaldando sus marcas como país.
En este contexto, las zonas productivas del mundo deben definir los productos que podrían ofertar al mundo, buscando en lo posible NICHOS de mercado, con productos diferenciados de otros similares, con características que los identifiquen claramente con el lugar de origen. Excelentes ejemplos de esto son el queso Parmesano, originario de Parma; champagne, originario del condado de Champagne en Francia; Pisco, originario de Pisco, Perú. Ese posicionamiento les ha otorgado la “denominación de origen” que es muy valiosa para comercializar los productos que la llevan y es además protegida por los países occidentales, especialmente. Solamente los productos certificados que provienen del origen declarado, pueden ostentar el nombre de dicha región.
Ecuador es conocido por varios productos estrella, como camarón, flores, cacao y banano. Aunque no se ha formalizado la categoría de “denominación de origen” que toma largo tiempo y perseverancia, el mundo nos reconoce por ellos. Pero no hemos avanzado un paso más, en dirección a identificar los productos de específicas zonas del país. Nada impide que la provincia de COTOPAXI busque posicionarse con una identidad propia, que refleje su realidad y proyecte una categoría de productos de calidad, diferenciados de otros similares en el mercado local y mundial.
El ente llamado a liderar esta acción en pro de los productos originados en Cotopaxi es el Gobierno Provincial. Su Prefecto ha comprometido los pasos para hacerlo realidad, pero el tiempo pasa y el mercado no espera. Sugerimos la conformación de una mesa de trabajo para cristalizar la MARCA COTOPAXI en beneficio exclusivo de aquellos productos que sean originarios en esta provincia, que garanticen una calidad competitiva y se sometan a un manejo grupal de la marca. Esto incluye gestionar la difusión de la marca en el mercado provincial así como nacional. Es necesario persuadir al consumidor sobre las bondades del producto, con la esperanza de que los prefiera a productos similares de otros orígenes.
Cotopaxi tiene, orgullosamente, productos de clase internacional que pueden abrir las puertas para otros. Producimos la mejor rosa del mundo, el mejor broccoli, productos ancestrales, artesanías. Lo que debemos agregar es el sentido de pertenencia, creando un orgullo de lo que hacemos, con amor, para proyectarlo en nuestros productos. Seguramente lograríamos concientizar a los consumidores locales para luego ganar la confianza de otros ecuatorianos. Prefiera lo ¡MADE IN COTOPAXI! (O)