Me atrevo a afirmar que los dos grandes males que aquejan la existencia de los ecuatorianos en el presente siglo, y seguramente de los habitantes de la Región Latinoamericana, son el narcotráfico y la corrupción. Si bien estos ya estaban en gestación en los años precedentes, la explosión se ha dado en el presente siglo, por la convergencia de varios factores, que deben ser analizados y comprendidos por la ciudadanía, que siente una sensación de impotencia y paga sus consecuencias.

Por el lado de la corrupción, el rastreo de los actores más prominentes nos conduce al Foro de Sao Paulo, estratégica propuesta de Fidel Castro, quien fuera abandonado a su suerte por los camaradas soviéticos que le comunicaron la decisión de abandonar el fracasado modelo comunista, ante la lapidaria realidad de no poder sostenerlo. Consecuentemente, se acabó la fuente de recursos para promover la toma del poder por la fuerza, ideado desde La Habana. Pasaron al servicio pasivo la guerrilla y sus obsoletos comandantes. La propuesta fue, entonces, llegar al poder por las urnas, para lo cual deberían poner el dedo en las llagas vivas de la masa de votantes, ofreciendo apoderarse de los recursos estatales en su beneficio. “La Patria es de todos”

El primer ejercicio del nuevo modelo ocurrió en Venezuela, donde el conspirador Hugo Chávez fue tutelado por los Castro, quienes vieron en el ingenuo ex militar, la maravillosa oportunidad de apoderarse de su petróleo, en beneficio propio y de la nueva invasión ideológica en toda la región. Bautizado el proyecto político como “Socialismo del Siglo XXI”, en honor a una novela económica escrita por un trasnochado mexicano – alemán, se cambió la envoltura del obsoleto comunismo, con la pretensión de adaptarlo a las nuevas generaciones. La continuación de este experimento se dio en Nicaragua, Ecuador, Argentina, Brasil, Bolivia, Honduras.

El guion que orienta todos estos experimentos populistas es el mismo. Inspirados en un grupillo de extremistas españoles fracasados de izquierda, al mando de Pablo Iglesias, se cambiaron la Constitución y el marco jurídico de todos ellos, logrando un control de todos los poderes del Estado. Se generalizaron las dádivas demagógicas, el gasto desmedido sin financiamiento y las promesas de garantizar derechos imposibles de cumplir. Detrás del modelo “progresista” se oculta una estructura delictiva para apropiarse de recursos públicos en cantidades inimaginables, promoviendo un sub mundo de corrupción que alimenta la maquinaria electoral para permanecer en el poder.     

Mientras que los olvidados guerrilleros, luego de haber organizado un rentable negocio para dar protección a los narcotraficantes que exportaban su producto ilícito desde Colombia hacia Estados Unidos y Europa, resolvieron convertirse en zares de la droga por cuenta propia, controlando toda la cadena de producción y transporte. Convertidos en el mayor país productor de cocaína del mundo, con más de 15.000 toneladas al año, exportan al menos la tercera parte por territorio ecuatoriano. La mayor parte sale por las extensas playas de Esmeraldas y Manabí, mientras que otra parte sale por los puertos ecuatorianos, atravesando el territorio. Estos pasos contaminan todas las actividades que les rodean, incluyendo autoridades de control, transportistas, poder judicial, etc. además de promover el consumo, contaminando letalmente escuelas, colegios y universidades, con ayuda de micro traficantes que encuentran en esta ilícita actividad, una fuente de ingresos para sobrevivir con menos esfuerzo que en trabajos tradicionales.

El panorama es muy sombrío. Ecuador está secuestrado por estos males, en complicidad con una clase política que no tiene capacidad ni interés en llegar al fondo de los problemas y solucionarlos. La esperanza es que la ciudadanía comprenda la realidad y tome acción.

¡SALVEMOS LA PATRIA! (O)