Es difícil escribir luego del día de las madres. Por supuesto, es tema obligatorio y no puedo quedar fuera del agradecimiento y felicitación a esas mujeres que, dejando todo de lado, nos sacaron adelante. Gracias por todo lo recibido.
Y digo que es difícil escribir hoy, porque no todas las personas que han alumbrado pueden ser consideradas madres. Si, hay aquellas que abandonaron a sus hijos, que no proveen el cariño y cuidado que deberían. También hay mujeres que prefieren abortar sin más motivo que no perjudicar su figura u ocultar un desliz.
Madre no es cualquiera. Es la persona que, habiendo alumbrado o no, cede una enorme parte de su vida y la dedica a la perfección de la vida de otro, de su hijo. Imaginemos a las madres que además son Policías, o Bomberos, o Militares o Rescatistas; son doblemente madres, porque ceden su vida privada a sus hijos, y ceden el resto de su existencia a favor de los hijos de otros.
Es que ser madre no es cosa fácil. Por eso los hombres no tenemos ese papel. Se requiere de una mente diferente, un espíritu diferente y, por supuesto, un cuerpo diferente. Y no solo un cuerpo capaz de parir, sino fuerte lo suficiente como para afrontar la carga de trabajo que un hijo representa.
La sociedad necesita más madres: personas capaces de sacrificios enormes a favor de otros.
Sobre todo la política necesita más madres. Porque una persona que define su propia existencia sobre la base del amor a un tercero sería, por supuesto, una excelente administradora de la cosa pública. Además, quien ama no engaña, no miente, no roba, no perjudica.
Hace falta, entre tanto precandidato, una persona que nos diga la verdad, que sincere la política y que represente un verdadero paradigma de servicio.
Nuestras ciudades necesitan una madre. Y no importa si es de género masculino o femenino. Digo que necesitamos una persona que adopte a nuestras ciudades, así como Ángela Merkel adoptó a Alemania; o como sucede en países nórdicos europeos, cuyas representantes son mujeres y, más allá de ello, sienten un amor patrio enorme: han adoptado a sus sociedades y verdaderamente se sienten responsables por éstas y su bienestar.
Parece que a las madres de nuestra provincia les falta un poco de audacia para entrar en la política activa. O, parece, que no están dispuestas a tener tantos hijos como habitantes tienen nuestras ciudades. O es que almas tan nobles realmente huyen de las formas horribles y asquerosas con las que se hace política hoy en día. Sea cual fuere la razón, no es prudente, en este punto, seguir evitando la responsabilidad de ayudar a los hijos e hijas de esta tierra.
En cualquier caso, valga la oportunidad para decirles a nuestras madres que las necesitamos más que nunca. Que las queremos al frente de las decisiones importantes y que nos hace falta su cuidado y protección. Los hijos de esta tierra nos sentimos huérfanos de líderes y representantes. Mamás, por favor, acudan a nuestro rescate.
Cotopaxi y todas sus ciudades necesitan una madre.
Nuestra tierra grita: ¡mamá, ayúdame! (O)