Las graves consecuencias del último paro indígena, en el que nuestra provincia y el país entero dejó de producir por cerca de un mes, arrojaron pérdidas económicas que superaron los USD 1000 millones.

Los estudiantes han regresado a clases presenciales, luego de casi tres años de educación virtual lo que representó un gran ahorro para los hogares, pues no se tenía que gastar en uniformes, útiles escolares, trasporte, alimentación entre otros. Pero la presencialidad implicó cumplir con estos gastos, por ello se siente con más fuerza lo que significó el paro del 2019, seguido de la pandemia y la última movilización de junio, que no tubo piedad ni conciencia con la grave crisis por la que está atravesando el bolsillo de los ecuatorianos.  

Se escucha por ahí a ciertos líderes que quieren hacer otro paro, sin duda estos seudo salvadores de la Patria se están arriesgando a que un pueblo cansado de sus abusos, salga y les haga frente, más aun sabiendo de los escándalos de corrupción en los que se encuentra involucrada la dirigencia indígena, gente que ha llegado a sus cargos, claramente para enriquecerse, muy pocos son los líderes honestos. Si se profundiza en la vida de los famosos ponchos dorados, nos toparemos con muchas sorpresas indignantes.  

Seguramente en las próximas elecciones se verá plasmado el rechazo a este movimiento político, que en este último periodo tubo su oportunidad de oro, pero la desperdició de manera absurda, se evidenció las verdaderas intenciones de sus representantes. (O)