Me dispensará estimado lector que en este espacio de opinión escriba como hincha, fanático y apasionado del fútbol y no como el conspicuo analista que acostumbro ser, pero lo sucedido en Barcelona en estos días no puede estar alejado del comentario; la salida de Lionel Messi del Barça tiene que percibirse como una noticia mundial, no solo por lo que representa para los ‘culés’, sino por lo que su permanencia significó aún para la política de España.

Como muchos de ustedes sabrán hice mi Maestría en Análisis Político en Cataluña en plena actividad independentista, cuando la Generalitat decidió convocar a una Consulta Popular para que los catalanes decidan si quieren o no seguir perteneciendo al país ibérico; el gobierno popular de Mariano Rajoy envió a las fuerzas del orden para aplacar las movilizaciones, impedir la instalación de las mesas de votación y sofocar los plantones posteriores al ‘triunfo’ de la iniciativa independentista, el presidente catalán Puigdemont fue procesado por secesionismo y debió abandonar España para impedir su detención.

En medio de esa crisis política, la mitad del Barcelona Fútbol Club debía renovar sus contratos para las temporadas siguientes y uno de los jugadores que tenía que hacerlo era el señor Lionel Andrés Messi Cuccittini, natural de Rosario-Argentina, símbolo del equipo, el jugador que más vendía, el que salía en la publicidad, el que apasionaba con su juego, el que gambeteaba, driblaba, asistía y hacía los goles, el mejor de todos, el ídolo, el de las camisetas con la 10, el único; y ahí fue cuando todo “se descontroló”, Messi y su equipo de abogados incluían la cláusula que después sería replicada por otros jugadores: “si Cataluña se independizaba y dejaba de jugar La Liga española y por ende participar en eventos de la UEFA (la Asociación de fútbol europeo), se rescindía automáticamente su contrato”; Messi no podía quedarse sin Champions y el Barça no podía quedarse sin Messi, trascendió esta negociación y el clima independentista fue calmándose, por ello, en mi criterio España sigue unificada gracias en gran parte y sin querer a Messi y a la Champions, es más, me sentí tentado a hacer mi tesis sobre el tema, pero varios docentes del posgrado me recomendaron que no lo haga por las pasiones que podía generar a favor y en contra en una Universidad catalana dividida como estaba entonces.

Pero ¿qué tiene Messi que lo hace ser un ídolo? Muchos pueden patear un balón, hacer goles, asistir a sus compañeros, correr por la cancha como él, ponerse el equipo en sus hombros o marcar con el pecho, sencillo, es más que Messi, es Lionel, el pibe argentino que se arriesgó en su infancia para saltar el charco (todo el Atlántico) y probar suerte en el Barcelona, que era el único equipo que podía pagar los 900 dólares mensuales que costaba su tratamiento hormonal para poder crecer; Newell’s -el equipo donde se formó- no lo iba a hacer, River lo veía arriesgado y decidió no tenerlo porque esos 900 dólares “eran demasiado” para un jugador de esa edad, sí, ‘Los Millonarios’ de River lo dejaron ir por 900 dólares, vaya error.

Y es que Lionel es pasión por el juego, la pelota es su compañera de vida, su amiga, con ella no solo nos encanta, sino que se divierte, Lionel tiene Asperger, lo que le dificulta hacer amigos, pero cuando juega los tiene, sus compañeros de equipo lo son, sus rivales también, total, son Leo y 21 amigos más detrás de un balón dando alegrías y tristezas, haciéndonos soñar, gritar, llorar y sufrir, Messi es Messi por ser Lionel, no por ser Messi.

Cierro estas líneas tratando de explicar lo que se sintió en el corazón de los hinchas del fútbol por su salida del Barca, seas o no culé, cuando Lionel lloró en su última rueda de prensa en el club, cuando sus hijos y Antonella, su única novia de toda la vida, también lo hicieron, cuando sus compañeros del equipo lo aplaudían a más no poder en homenaje por todo lo dado en 20 años, se rompió el alma, no lloraba Messi, lloraba Lionel, ese niño al que su abuela llevó a jugar fútbol y desde el cielo lo alienta, a quien dedica sus goles, sus partidos, sus campeonatos y es por eso que el mundo se detuvo cuando -más que Messi- quien se fue, fue Lionel. (O)