Parece que ese es el lema de esta administración municipal que inició con tremendas expectativas de la población; pero que ha demostrado justamente lo contrario.
Justificar la inoperancia es una cobardía, las autoridades electas sabían perfectamente lo que debían enfrentar, cambiar el estado de cosas en el Municipio de Latacunga era un compromiso de honor; pero se durmieron en los laureles, postergaron decisiones importantes, se acomodaron a la virtualidad marcada por la pandemia, donde la ley del menor esfuerzo fue la tónica.
Hasta ahora no se entiende por qué durante la pandemia, no se trasmitían en vivo las sesiones del Concejo de Latacunga, una situación incluso antidemocrática, porque no había nada que ocultar.
Y los latacungueños esperamos con paciencia el cambio, esperamos que las credenciales que le precedían al burgomaestre fueran el comienzo de una nueva era para Latacunga donde se imprimiera dinamismo, ejecución, aprovechamiento de los recursos públicos para el bien común.
Nos despertamos atónitos con la realidad, en pleno siglo XXI Latancuga no solo se estanca sino que retrocede, un ejemplo de ello es el bloqueo de las aceras por la siembra de postes, impidiendo el paso de personas discapacitadas, adultos mayores y demás población. Qué decir del alcantarillado y del camal, qué decir de los arreglos en La Catedral o la plazoleta de San Agustín…
Ahora se habla de un paso elevado en el ingreso Sur de la urbe, cuando hay tantas obras inconclusas, entre ellas el ingreso Norte. Realmente el funcionamiento del Municipio de Latacunga es un tema de estudio. (O)