El ambiente político se activa, anunciando la proximidad de los comicios 2023 para elegir Prefectos, Alcaldes y Concejales, luego de cuatro años de gestión. Vuelven a aparecer caras conocidas y unas pocas nuevas que buscarán el favor popular. Gracias a este recurrente ciclo democrático, las autoridades en funciones se ven en apuros, para hacer lo que no han logrado en lo que va del período. Pobre es la gestión en la mayoría de casos. La pandemia y la falta de recursos son la justificación que está en la punta de la lengua. Siendo entendibles las condiciones especiales que hemos vivido, no son aceptables los paupérrimos niveles de ejecución presupuestaria que observamos en algunos Gobiernos seccionales.

La “pelotita” se la pasan entre las autoridades, recayendo en los directores departamentales, que a decir de algún allegado, son pequeñas Alcaldías que funcionan de manera autónoma, descoordinadas entre sí y con el Ejecutivo. Mientras que los Concejales se limitan a criticar las cosas que a su juicio no caminan bien, reclamando protagonismo que añoran para cumplir con los ofrecimientos de campaña. En esas se les han pasado 31 de los 48 meses de su período. Técnicamente resta un año de gestión, que pasará en un abrir y cerrar de ojos, con pocas posibilidades de hacer lo que no lograron hasta ahora.

Ante la demanda ciudadana por obras esperadas desde el inicio del período en curso, se han ofrecido obras y acciones que pretenden resolver los temas de mayor trascendencia. El Municipio de Latacunga habla de cambiar 90% de sus directores; inicia obras controversiales como una saturación de semáforos inteligentes que han despertado la crítica airada de los habitantes del Centro Histórico; promete terminar en breve un paso elevado que significa la obra más relevante del año; inicia la construcción de dudoso beneficio que significa el camal municipal; y le ofrece resolver toda obrita clientelar que en época de campaña abundan. La planificación ha quedado en los archivos de la historia. La participación ciudadana brilla por la ausencia.

A este panorama de desconcierto, en Latacunga se suma la inentendible aprobación del presupuesto 2022 que regirá inclusive en el 2023 por ser año electoral. Apenas 4 de los 9 Concejales se hicieron presentes para cumplir con una de las más importantes obligaciones que adquieren al aceptar el cargo remunerado por la ciudadanía. Más grave aún, que se hagan acusaciones sobre supuestos usos fraudulentos de documentos de respaldo, que amenazan con llevar a la Fiscalía para determinar su posible acción penal. Todo ese montaje, para aprobar un inexistente presupuesto que supera los 150 millones de dólares, aunque la inversión prevista sea solamente $25 millones, según el propio Alcalde.

La inoperancia de esta Institución está plasmada allí, pues dice el Burgomaestre que arrastra obras inconclusas desde 2015, considerando que en 2021 solamente alcanzan una ejecución presupuestaria de 40%. Es el espejo de una administración que va a la deriva, que no escucha el clamor de la ciudadanía por obras puntuales como bacheo, aseo de los espacios públicos, adecentamiento de parques, iluminación, agua potable y alcantarillado, especialmente en las zonas urbano-marginales y rurales. El disgusto de los parroquianos es evidente.

Aún es posible dar un golpe de timón y reorientar la gestión Municipal para alcanzar los objetivos que anhelan sus ciudadanos. El anuncio del Alcalde de NO buscar la reelección, es positivo para no priorizar las obras clientelares sino las necesarias. Los funcionarios que cumplen una cuota política, deben abandonar el puesto, dando paso a personas capacitadas para ejecutar un plan de acción claro en lo que resta del período.

¡ESPERAMOS UN GOLPE DE TIMÓN! (O)