No voy a realizar un análisis jurídico, para interpretar lo que dice la Constitución de la República o si la Corte Constitucional tuvo un fallo adecuado o no, mucho menos si los jueces están calificados para interpretar y dar un veredicto de este delicado pero importante tema del convivir del ser humano.
Voy a interpretarlo en el campo biológico, social y de derechos. La homosexualidad no es una enfermedad es una determinación genética, que forma parte de un extenso abanico de la sexualidad humana cuyos dos extremos opuestos son la homosexualidad y la heterosexualidad; por tanto, el comportamiento de este grupo de seres humanos no depende ni se modifica en su totalidad por el entorno social. Si una mujer estudia en un colegio mixto no dejará de ser mujer, si un homosexual hombre estudia en un colegio de hombres no va a cambiar su orientación; lo que el entorno cambia es el momento de expresar su preferencia, si estoy en una sociedad en la cual existe represión, definitivamente vamos a tener menos parejas que expresen públicamente su relación, por el contrario si la sociedad no sataniza esta condición de hecho vamos a tener edades más tempranas a las cuales podremos observar esta variedad en la forma de expresar sentimientos.
El ser homosexual, bisexual o transexual no convierte a un ser humano en mala o buena persona, son sus actos, su esencia de proceder lo que lo determina como tal. Por tanto, como seres humanos debemos recordar este momento una palabra que se llama, TOLERANCIA para respetar el derecho que tienen los seres humanos para ser felices, siempre y cuando el cumplimiento de sus derechos no afecte los míos, como tampoco se vulnere mi autonomía.
En mi opinión puedo no estar de acuerdo, pero defiendo el derecho que ellos tienen de buscar igualdad y de luchar por su felicidad; sin vulnerar a terceros, por ejemplo: el deseo de adoptar niños por parte de estas parejas, como tampoco estoy a favor del aborto pues en ambos casos estamos vulnerando derechos de seres humanos que no los pueden expresar.
Como sociedad debemos entender que nuestra realidad personal, familiar, de pareja no es la misma ni se puede extrapolar al resto de personas; que no somos los dueños absolutos de la verdad que puedo no estar de acuerdo, pero no tengo el derecho bajo ningún concepto de JUZGAR al prójimo.
La iglesia puede no estar de acuerdo, pero yo por ello no dejaré de ser católico y creer en Dios, ni tampoco los religiosos me pueden excluir a mi por pensar diferente. Y no es por aceptar unión de personas del mismo sexo, que vivimos una crisis moral y de valores: son el robo, la calumnia, el chisme, la crítica destructiva, el egoísmo, la envidia, la pobreza espiritual la que nos tiene sumidos en la degradación de la humanidad.
Vivamos nuestra vida, dando ejemplo a nuestra familia y sociedad, preocupándonos por analizar nuestros errores y corregirlos, hablar menos y actuar más.(O)