Tranquilo estimado lector, no hablaré en este editorial de “cosas de adultos”, “subidas de tono” o que no están en “horario familiar”, sino de mi primera vez en una Audiencia de Formulación de Cargos, así que acomódese con confianza y disfrute de esta anécdota tan divertida:

Como muchos de Ustedes sabrán, mi mayor enfoque profesional ha sido siempre el Derecho Civil y todas sus derivaciones, a “lo Penal” aunque lo respeto y muy ocasionalmente lo leo, lo vi siempre desde lejos, lo hice en la carrera y después ya en el ejercicio como abogado, de hecho cuando he debido litigar en él usualmente ha sido en acciones privadas (que no tienen participación de la Fiscalía sino solo de las partes), pero este martes (casi 10 años después de graduado) tuve mi primera Audiencia de Formulación de Cargos defendiendo al procesado, fue “mi primera vez”.


El lunes de esta mañana dediqué el día entero para prepararme, leer doctrina, algo de jurisprudencia y consultar a colegas con mucha más experiencia en esas lides el cómo y el qué de este tipo de diligencias procesales, todos ellos sin duda aportaron con un granito de arena en mi capacitación, pero ninguno logró tranquilizarme, al llegar a la Unidad Judicial me moría (por no decir otra cosa) de los nervios.


Y es que tenía mis apuntes (escribo a mano siempre mis alegatos), además de plena convicción de la prescripción de la acción, de la improcedencia de la prisión preventiva y por si acaso (si lo anterior no me daba resultado) hasta de lo que debía decir en la apelación (en materia penal la oralidad es la regla, por lo que debe plantearse todo “ahí mismo”), pero por dentro me aterraba hacerlo en el orden incorrecto, en el momento inoportuno o simplemente caer en la pelea de lo no sustancial, afortunadamente no fue así.


Tuve un Juez joven que a leguas amaba su trabajo, capaz de conducir la audiencia sin caer en el estricto formalismo que nos suele caracterizar a los abogados, que explicaba fase a fase lo que las partes debían hacer y aquello que se analizaría (con la finalidad de no generar indefensión en ningún momento), me dio tranquilidad, logré “sacarla” y sacarla bien, no hubo confrontación con la Fiscalía ni con la Defensoría Pública sino un cruce de ideas respetuoso y cordial, finalmente se logró el objetivo esperado y decidí comentárselo en este editorial (y en varias publicaciones en mis redes sociales) no solo para compartirles mi experiencia ANDANDO EN LO DESCONOCIDO, sino para recordarles que somos capaces de todo, aún de aquello en lo que no creemos serlo, solo es cuestión de lucha diaria, preparación, lectura y confianza, el éxito está en sus manos, lo pueden hacer.